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  • Última modificación de la entrada:agosto 18, 2020

Siguiendo con los temas relacionados con la UNESCO, vamos a hablar de algo que ya mencionamos con anterioridad: hablando de la pobreza, la lactancia materna y el baby-led weaning pueden ayudar a solucionar algunas dificultades en la población más pobre. Veamos hoy con algo de profundidad este tema.

LA LACTANCIA MATERNA

La lactancia materna es primordial para los niños durante los primeros meses de vida, ya que esta ofrece el alimento apropiado para obtener un crecimiento y salud ideales. La Organización Mundial de la Salud (OMS), promueve el amamantamiento como el método más efectivo de nutrición para los recién nacidos y, a pesar de que este debe realizarse transcurridas unas horas desde el nacimiento del lactante, es elemental que se mantenga al menos un par de años después, sin dejar de lado los alimentos sólidos ya que, el hecho de mantener este sustento aporta beneficios a largo plazo.

¿Cuál es la importancia de la lactancia materna?

Primero que todo, es menester decir que la nutrición por medio de la lactancia desde el nacimiento ayuda a resguardar a los niños de enfermedades comúnmente producidas en la infancia, tales como neumonía y diarrea; las cuales son los principales causantes de muertes en los recién nacidos; incluso, si todos los niños fueran alimentados con leche materna se salvarían millones de vidas al año. Estas enfermedades pueden combatirse gracias a que la leche
materna es inofensiva y, además, rica en proteínas. Cabe destacar que, la lactancia no solo es favorable para los niños, sino también para las madres, pues reduce el riesgo de cáncer, depresión y diabetes.

Lactancia materna y alimentación del bebé
Lactancia materna y alimentación del bebé

¿Leche artificial o materna?

Las proteínas anteriormente mencionadas no son encontradas en la leche artificial que muy fácilmente se compre en el supermercado. Es decir que ni la madre ni el niño estarían aprovechando los beneficios que el amamantamiento
proporciona. También, alimentar por medio de leches artificiales puede ser una actividad costosa, además se necesita agua potable, y de la cual algunos países carecen. Los biberones pueden encontrarse no esterilizados y si sumado a eso la fórmula se halla pobremente elaborada, es muy posible que se produzcan bacterias en el producto, lo cual puede llevar a la desnutrición.

Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna

Este es un grupo de recomendaciones, aprobado en 1981, que tiene el propósito de disminuir la venta agresiva de substitutos de la leche materna y sus publicidades, al igual que cualquier objecto utilizado en el proceso, como lo sonlos biberones. Al hacer esto, se busca que la nutrición sea segura y se proteja a los lactantes. Es importante destacar que el Código no quiere que se eliminen los sucedáneos de la leche materna, ya que pueden ser necesitados; sólo se busca un cese de su promoción.

Productos a los que se aplica el Código

Entre algunos de los productos a los que se aplica el Código se encuentran:

• Alimentos lácteos que puedan ser utilizados como sustitutos de la leche materna.

• Aquellos productos que prometan ser favorables para la nutrición de los niños, tales como jugos y aguas.

• Tetinas y claramente, biberones.

Algunas recomendaciones básicas a los países que deseen aplicar el Código.

Por último, desde la creación del Código este les ha insistido a los Gobiernos que proporcionen la información correcta a las familias y encargados de nutrición sobre la mejor manera de alimentar a los lactantes. Al igual que, en todo material escolar se deben comunicar los beneficios de la lactancia materna, como advertir de las consecuencias que tiene la alimentación por leche artificial.

Y después de la lactancia, ¿qué alimentos puedo dar a mi bebé?

El tema de la alimentación complementaria requiere de muchas y muchas horas para exponerlo al completo. Y como todo en temas de salud y dieta, debería estar siempre sometido a la opinión de un especialista médico, en este caso del pediatra. Pero como el método baby-led weaning o muchos otros es tan natural, no podemos resistirnos a compartir una receta de BLW:

Muchas otras recetas hay, pero como se trata de no saturar el post con demasiados temas distintos, hemos escogido una bastante sencilla de preparar. Si bien podríamos llenar este artículo de las miles de recetas de alimentación complementaria, claro está.

Decidir el modelo de cuna, informarse sobre vacunas y alimentación…

Muchas son las (benditas) preocupaciones de la crianza de un bebé, desde pensar los modelos de cunas para bebes que queremos como decorar su habitación o informarse sobre su vacunación y alimentación. A este respecto, nos despedimos con un estudio que trata todos estos temas con profundidad, tanto la lactancia matera como el BLW o baby-led weaning al que tanto hemos aludido:

Resumen:

La nutrición adecuada durante los primeros dos años de vida es fundamental para el desarrollo pleno del potencial de cada ser humano; actualmente se reconoce que este periodo es una ventana crítica para la promoción de un crecimiento y desarrollo óptimos y un buen estado de salud. Por tanto, cumplir con una alimentación adecuada en esta etapa de la vida tiene impacto sobre la salud, estado de nutrición, crecimiento y desarrollo de los niños; no sólo en el corto plazo, sino en el mediano y largo plazo. El presente trabajo ofrece recomendaciones de alimentación complementaria (AC) que se presentan en forma de preguntas o enunciados que consideran temas importantes para quienes atienden niños durante esta etapa de la vida; por ejemplo: inicio de la alimentación complementaria a los 4 o 6 meses de edad; exposición a alimentos potencialmente alergénicos; introducción de bebidas azucaradas; uso de edulcorantes artificiales y productos light; secuencia de introducción de alimentos; modificaciones de consistencia de alimentos de acuerdo a la maduración neurológica; número de días para probar aceptación y tolerancia a los alimentos nuevos; cantidades por cada tiempo de comida; prácticas inadecuadas de alimentación complementaria; mitos y realidades de la alimentación complementaria; hitos del desarrollo; práctica del “Baby Led Weaning” y práctica de vegetarianismo.

Palabras clave: Alimentación complementaria; Lactantes sanos; Recomendaciones

Abstract:

A proper nutrition during the first two years of life is critical to reach the full potential of every human being; now, this period is recognized as a critical window for promoting optimal growth, development, and good health. Therefore, adequate feeding at this stage of life has an impact on health, nutritional status, growth and development of children; not only in the short term, but in the medium and long term. This paper provides recommendations on complementary feeding (CF) presented as questions or statements that are important for those who take care for children during this stage of life. For example: When to start complementary feedings: 4 or 6 months of age?; Exposure to potentially allergenic foods; Introduction of sweetened beverages; Use of artificial sweeteners and light products; Food introduction sequence; Food consistency changes according to neurological maturation; Number of days to test acceptance and tolerance to new foods; Amounts for each meal; Inadequate complementary feeding practices; Myths and realities of complementary feeding; Developmental milestones; Practice of “Baby Led Weaning” and practice of vegetarianism.

Keywords: Complementary feedings; Healthy infants; Recommendations

1. Introducción

La nutrición adecuada durante los primeros dos años de vida es fundamental para el desarrollo pleno del potencial de cada ser humano. Esta etapa se caracteriza por su rápida velocidad de crecimiento, que impone mayores requerimientos de energía y nutrimentos y colocan en riesgo nutricio a los lactantes que se ven expuestos a malas prácticas de alimentación. Actualmente se reconoce que el periodo que comprende del nacimiento a los dos años de edad es una ventana crítica para la promoción de un crecimiento y desarrollo óptimos, y un buen estado de salud. Estudios longitudinales han mostrado en forma consistente que esta es la etapa de mayor riesgo para presentar desaceleración del crecimiento y desarrollo, deficiencias de micronutrientes y enfermedades comunes como la diarrea. A largo plazo, las deficiencias nutricionales tempranas se relacionan a menor capacidad de trabajo y rendimiento intelectual, salud reproductiva y estado de salud en general durante la adolescencia y etapa de adulto. Las prácticas inadecuadas de lactancia y alimentación complementaria, en conjunto con la elevada prevalencia de enfermedades infecciosas, constituyen la primera causa de desnutrición en los primeros años de la vida. Además, ahora se conoce que el déficit o exceso en el consumo de energía y algunos nutrimentos pueden participar en la programación metabólica temprana, con consecuencias a largo plazo, incluso sobre la aparición de enfermedades crónicas del adulto.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF por sus siglas en inglés) ha destacado el rol fundamental de la lactancia materna y alimentación complementaria como la intervención preventiva de mayor impacto en la sobrevida del niño, su crecimiento y desarrollo. La alimentación complementaria (AC) se define como el proceso que inicia cuando la lactancia materna no es suficiente para cubrir los requerimientos nutrimentales de los lactantes y por tanto, se necesita la introducción de otros alimentos, además de continuar la lactancia materna.

Es importante señalar que la piedra angular de intervención en alimentación complementaria en todos los contextos es la educación y asesoramiento a los cuidadores sobre el uso de alimentos localmente disponibles; además de considerar la suplementación con micronutrientes o el uso de alimentos fortificados cuando las deficiencias alimentarias sean un problema común y no aporten una cantidad suficiente de nutrientes. El presente trabajo es producto de una reunión de consenso para la discusión y elaboración de recomendaciones de alimentación complementaria por un grupo de expertos formado ad hoc, multidisciplinario, procedentes de diferentes estados del país y con representatividad de las principales agrupaciones pediátricas y de nutrición.

El trabajo se presenta a manera de preguntas o enunciados que consideran los temas más importantes para quienes atienden niños durante esta etapa de la vida; por ejemplo: inicio de alimentos complementarios a los 4 o 6 meses de edad; riesgos y beneficios de la introducción de algunos alimentos en la dieta del lactante; secuencia de introducción de alimentos; entre otros.

Previamente se realizaron trabajos de búsqueda y revisión de las mejores evidencias para contestar tales preguntas que se discutieron en la reunión de consenso y que ahora se presentan en este documento, que tiene el propósito de apoyar a quienes atienden niños a ofrecer las mejores recomendaciones para la alimentación complementaria.

2. Criterio de inicio de la alimentación complementaria ¿iniciar a los 4 o 6 meses de edad?

Existen numerosos beneficios de la práctica de la lactancia materna exclusiva durante seis meses, tanto para el lactante como para la madre. Por tanto, organismos nacionales e internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), Academia Americana de Pediatría, Asociación Mexicana de Pediatría, Confederación Nacional de Pediatría de México y Secretaría de Salud en México, entre otros, recomiendan mantener la lactancia materna exclusiva por seis meses para iniciar posteriormente con los alimentos complementarios.

Además de promover un crecimiento óptimo y prevenir la presencia de comorbilidades, su influencia sobre el desarrollo cognitivo y los hallazgos recientes sobre la prevención temprana de enfermedades crónicas apoyan la recomendación de mantener la lactancia exclusiva hasta los seis meses de edad.

Sin embargo, considerando aspectos de maduración renal, inmunológica, gastrointestinal y neurológica, asociaciones como las Sociedades Europea y Norteamericana de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN, NASPGHAN) y la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI) recomiendan iniciar la introducción de alimentos complementarios entre las 17 y 26 semanas de vida.

Con respecto a la prevención de enfermedades crónicas, resaltan los efectos de la lactancia materna y su duración sobre la prevención de sobrepeso y obesidad. Aunque la mayoría de las evidencias apuntan hacia un efecto protector, es discreto y en el largo plazo depende de la presencia de otras variables relacionadas con antecedentes familiares de obesidad y el estilo de vida de niños y adolescentes.

Lo mismo se podría señalar respecto al mayor riesgo de sobrepeso u obesidad ante la exposición temprana a alimentos complementarios o el tipo de alimentos que se ofrecen. Estudios como el de Burdette y colaboradores en población norteamericana no muestran diferencias en adiposidad a los cinco años de edad en niños alimentados con lactancia materna exclusiva versus aquellos que no recibieron lactancia materna, o por la duración de la misma, ni la edad de introducción de sólidos (antes o después de los cuatro meses). Jonsdottir y colaboradores asignaron en forma aleatoria a un grupo de 119 diadas madre-hijo a la práctica de lactancia materna exclusiva por seis meses o a recibirla por cuatro meses para iniciar los alimentos complementarios. No identificaron diferencias en indicadores antropométricos durante el seguimiento (29 a 38 meses de edad) ni mayor riesgo de sobrepeso u obesidad entre grupos.

Sin embargo, parece haber un efecto negativo sobre la adiposidad de niños y el riesgo de sobrepeso u obesidad cuando se introducen alimentos complementarios antes de los cuatro meses de edad. Recientemente Pearce y colaboradores publicaron los resultados de una revisión sistemática para identificar la asociación entre el tiempo de introducción de alimentos complementarios y el riesgo de sobrepeso u obesidad en la niñez. Concluyeron que la introducción de alimentos complementarios antes de los cuatro meses de edad (versus la introducción entre los cuatro y seis o después de los seis meses) puede incrementar el porcentaje de masa grasa y el riesgo de sobrepeso en la niñez.

En Holanda, De Beer y colaboradores evaluaron los datos de composición corporal de 2,227 niños de cinco a seis años de edad, e identificaron que la lactancia materna y la introducción de alimentos complementarios después de los seis meses de edad (vs < 4 meses) se asociaron a menor masa grasa (p < 0.01). Daniels L y colaboradores, realizaron una revisión de la literatura (26 estudios, principalmente de cohorte) para identificar la asociación entre el riesgo de obesidad después de los doce meses de edad y el tiempo de introducción de alimentos complementarios. Concluyeron que la introducción de sólidos antes de los cuatro meses de edad puede incrementar el riesgo de obesidad, pero la evidencia sobre un estatus de peso adverso y la introducción de alimentos entre los 4 y 6 meses versus su introducción después de los 6 meses es escasa. Otro beneficio de la lactancia materna respecto a la promoción de hábitos alimentarios saludables fue reportada en el estudio de Lauzon-Guillain (2013) al analizar los datos de cuatro cohortes europeas y evaluar el consumo de frutas y verduras en niños en la etapa preescolar. Identificaron una asociación positiva entre la duración de la lactancia materna con el consumo de frutas y verduras, independientemente de la edad de introducción de estos alimentos y de su consumo en la dieta materna. Por tanto, en nuestro contexto social y epidemiológico, se debe recomendar la introducción de alimentos complementarios hasta los seis meses de edad, siguiendo las recomendaciones de la OMS para la promoción de lactancia materna exclusiva durante seis meses.

3. Exposición a alimentos potencialmente alergénicos

Tradicionalmente se recomendaba retrasar la introducción de alimentos potencialmente alergénicos, considerando la inmadurez de la estructura y función intestinal y el aumento de permeabilidad a proteínas con el posible riesgo de sensibilización a las mismas. En años recientes esta recomendación ha sido modificada por la introducción temprana de estos alimentos de acuerdo a estudios que demuestran que el riesgo de sensibilización y enfermedad alérgica es igual o menor como consecuencia de la aparición de tolerancia inmunológica a partir del cuarto mes de vida.

La inducción de tolerancia oral se presenta entre los cuatro y seis meses de edad, asociándose a factores de colonización, predisposición genética, exposición a lactancia materna y factores inmuno-moduladores como proteínas, lípidos, fibra y algunas vitaminas.

La práctica de la lactancia materna juega un rol fundamental en la tolerancia inmunológica debido a que los antígenos de la dieta materna son procesados por la madre liberando componentes inmunológicos (IgA, IL-10, factores de crecimiento y antígenos) en la leche materna. Por esta razón, no se recomienda la restricción alimentaria como medida preventiva para la sensibilización del lactante.

Recientemente se ha postulado el rol de los lípidos como inmuno-moduladores para inducir tolerancia alimentaria. Entre estos, destacan los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (omega-3) y colesterol como protectores de reacciones alérgicas; mientras que los triglicéridos de cadena media y los ácidos grasos omega-6 favorecen la sensibilización y reacción alérgica.

La fibra, por su parte, es fermentada por la microbiota a ácidos grasos de cadena corta cuya función inmunológica ha sido estudiada demostrando que favorece la aparición de células reguladoras (Treg) con actividad intestinal (placas de Peyer) y pulmonar, protegiendo contra la inflamación de las vías aéreas con disminución del riesgo de alergia respiratoria.

El consumo adecuado de vitamina A también se ha asociado a la regulación a favor de la respuesta Th1 sobre Th2, favoreciendo así tolerancia oral y menor inflamación de las vías aéreas; la vitamina D induce una respuesta similar y parece proteger adicionalmente contra dermatitis atópica.

Con el propósito de aprovechar la ventana para inducir tolerancia, varios estudios han demostrado que la introducción temprana de estos alimentos es favorable. En un estudio con 1,612 niños que fueron seguidos desde el nacimiento hasta los cinco años de edad, se evaluó la incidencia de alergia al trigo en base a la exposición a cereales, encontrando que sólo 1% desarrolló alergia; aquellos con exposición después de los seis meses presentaron mayor riesgo, aun controlando por historia familiar.

En el estudio de Koplin (2010) realizado con 2,589 lactantes australianos, compararon la introducción de huevo a los cuatro, seis, diez, doce y más de doce meses, demostrando que entre más tardía la introducción, mayor el riesgo de desarrollar alergia. Asimismo, la desnaturalización de las proteínas por el método de cocción afecta el riesgo alergénico; aquellos expuestos al huevo cocinado tuvieron menor riesgo que aquellos que lo recibieron en productos horneados entre los cuatro y seis meses de edad.

El estudio LEAP (Learning Early About Peanut allergy) del Reino Unido evaluó el efecto de la exposición temprana al cacahuate (antes de los once meses de edad) y alergia en niños de alto riesgo, encontrando que la frecuencia de casos de alergia a dicho alimento disminuye con su introducción temprana.

En la cohorte PATCH (Prediction of Allergy in Taiwanese Children) la lactancia materna exclusiva por al menos cuatro meses, en comparación a lactancia materna parcial o la introducción de otros alimentos antes de los cuatro meses, disminuyó significativamente el riesgo de sensibilización a proteínas de la leche de vaca a los dos años de edad (RM = 0.2; IC95% 0.07-0.5). Además, los niños que recibieron lactancia materna exclusiva mostraron menor conteo de eosinófilos en sangre periférica durante el seguimiento, y menores niveles de IgE total en plasma a los tres años, aunque la diferencia no fue significativa.

Una revisión sistemática de 74 estudios destaca que retrasar la introducción de sólidos más allá de los cuatro meses de edad no confiere beneficios en prevención de alergia, independientemente de si la población es o no de alto riesgo. Esta revisión fue crítica para la formulación de directrices de prevención de la EEACI que favorecen la introducción de sólidos posterior a los cuatro meses de edad para todos los lactantes.

Con base en lo señalado anteriormente y a estudios recientes, se concluye que la introducción de alimentos potencialmente alergénicos no debe retrasarse; se recomienda iniciar la introducción de estos alimentos desde los seis meses de edad de acuerdo con el contexto cultural y social.

4. Exposición al gluten y lactancia materna, lactancia mixta o con sucedáneos de la leche materna

El Comité de Nutrición de la ESPGHAN recomendó evitar la introducción precoz (antes de los cuatro meses) o tardía (después de los siete meses) de gluten con el propósito de reducir el riesgo de desarrollar alergia y enfermedades autoinmunes como diabetes, enfermedad celiaca, etc. Esta recomendación se basó en estudios previos, predominantemente observacionales. No obstante, ensayos aleatorizados publicados recientemente sugieren que dicha asociación no existe.

En 2012, De Palma y colaboradores sugirieron que lactantes con factores de riesgo para desarrollar enfermedad celiaca presentaban composición de microbiota distinta, con mayor colonización por B. fragilis y Staphylococcus spp y menor por Bifidobacterium spp y B. longum. Sin embargo, la alimentación con leche materna favorecía incremento del grupo C. leptum (no habitual en niños alimentados con fórmula), disminuyendo las diferencias en la composición de la microbiota.

Sin embargo, recientemente Konincks y colaboradores (2015) realizaron una revisión en la que concluyeron que la duración de la lactancia exclusiva o el momento de introducción de alimentos complementarios no se relacionan con la aparición de enfermedad celiaca; en niños con riesgo genético la introducción temprana o tardía no modifica el riesgo de presentación. Recomiendan la introducción de gluten alrededor de los cinco a seis meses de edad.

Otro estudio que confirma estos hallazgos es el ensayo realizado en 944 niños de riesgo (positivos para HLA-DQ2 o DQ8 y con al menos un pariente con enfermedad celiaca) que fueron aleatorizados a recibir 100 mg de gluten o placebo entre las 16 y 24 semanas de edad; posteriormente se midieron anticuerpos periódicamente y confirmaron la presencia de enfermedad celiaca con biopsia a los tres años de edad. Se concluyó que la introducción de pequeñas cantidades de gluten no redujo el riesgo de enfermedad celiaca a los tres años.

De la misma forma, Szajewska H y colaboradores presentaron recientemente (ESPGHAN, Amsterdam 2015) una revisión sistemática que demuestra que la alimentación con leche materna y la edad de introducción de gluten no tienen efecto en el desarrollo de enfermedad celiaca durante la niñez.

Por otra parte, Lionetti E y colaboradores mencionan que la pérdida de tolerancia al gluten es un proceso dinámico en el que ni la lactancia materna ni la introducción tardía proveen protección contra la enfermedad celiaca.

Por tanto, podemos señalar que el mantenimiento de la lactancia materna exclusiva o la introducción de gluten en la ventana de oportunidad de cuatro a siete meses no protegen ni incrementan el riesgo de padecer enfermedad celiaca. Sin embargo, no se recomienda su introducción antes de los cuatro ni después de los siete meses de vida.

5. Introducción de bebidas azucaradas

Es conocido que el gusto por los sabores dulces es innato; a los seis meses de edad, los niños alimentados con leche materna persisten con preferencia por los sabores dulces, además de lo salado y umami. Esta preferencia puede incrementar como consecuencia a su exposición, ya que se asocia a liberación de endorfinas y dopamina. Por tanto, la introducción de bebidas azucaradas a temprana edad puede tener efectos adictivos sobre los sabores dulces a través de la señalización de dopamina sobre estructuras hipotalámicas (nucleus accumbens, amígdala e hipotálamo lateral) en conjunto con otros sistemas de neurotransmisores como glutamato28 por búsqueda de recompensa (placer).

Algunos estudios sugieren que el aporte energético de las bebidas no tiene efecto (o muy poco) sobre la producción de saciedad en comparación con los sólidos. Por tanto, se ha señalado que inducen una falta de compensación dietética; es decir, no se detecta el aporte energético y no hay regulación posterior del apetito y la consecuente ingestión de alimentos.

De acuerdo con el análisis de Pan L en la cohorte FPS II (Feeding Practices Study), el consumo de bebidas azucaradas durante el primer año de vida duplica el riesgo de obesidad a los seis años. Aquellos niños que ingirieron bebidas azucaradas antes de los seis meses tuvieron 92% más riesgo de obesidad que aquellos no consumidores. No obstante, no hay diferencia en el riesgo de desarrollar sobrepeso u obesidad si se comparan con niños que ingirieron dichas bebidas después de los seis meses.

En el estudio Project Viva de Harvard se seleccionaron 1,163 participantes en quienes se evaluó la asociación del consumo de jugo de fruta (natural) y agua a los doce meses de edad con el consumo de jugos, bebidas azucaradas y los valores del índice de masa corporal a los tres y siete años de edad. Reportaron que la ingestión de 8-15oz/día o más de 16oz/día de jugo de frutas se asoció a mayor ingestión de jugo, bebidas azucaradas, mayor IMC y mayor adiposidad durante el seguimiento. Concluyen que el consumo temprano de jugos puede ser detonante de mayor ingestión de bebidas azucaradas en años posteriores, incrementando el riesgo de sobrepeso y obesidad.

Las directrices de la OMS sobre ingestión de azúcares en niños y adultos puntualizan que los azúcares simples no deben superar 5% del valor energético total de la dieta ya que pueden favorecer un balance energético positivo, más allá de lo necesario en niños. Siguiendo esta recomendación, el aporte de azúcares libres entre los seis y 24 meses de vida no debe superar entre las 30 y 45 kcal.

El presente consenso no recomienda la introducción de bebidas azucaradas de ningún tipo en menores de 24 meses de edad.

6. Uso de edulcorantes artificiales y productos light

Un estudio realizado en roedores demostró que aquellos expuestos a acesulfame-K in útero o a través de la lactancia, presentaban mayor preferencia por el consumo de endulzantes (calóricos y no calóricos). En un modelo animal que fue expuesto a acesulfame-k por leche materna se observó mayor preferencia a los sabores dulces en la vida adulta, siendo esta dosis-dependiente. Asimismo, se identificaron alteraciones en la expresión del receptor de leptina, sugiriendo que puede existir un rol de dicha hormona en el desarrollo de la preferencia por el sabor dulce. Otros datos sugieren alteraciones en la programación metabólica en animales expuestos a aspartame durante el embarazo.

Se considera que la ingestión de edulcorantes no calóricos durante la lactancia es segura. La base de datos LactMed menciona que los edulcorantes pueden no tener efectos adversos en lactantes; sin embargo, el contenido de estos en la leche materna no está plenamente demostrada. Sylvetsky y colaboradores demostraron que la leche materna de 20 mujeres contenía acesulfame-K, sacarina y sucralosa, aún en mujeres que reportaron no haberlos consumido. Los efectos de esta exposición no son conocidos aún pero se sugiere que puede afectar la microbiota, la preferencia por los sabores dulces y, quizá, propiciar anormalidades metabólicas y obesidad.

El sabor dulce es un estímulo oral que funciona como predictor del aporte energético de un alimento y activa rutas hormonales, neurológicas y metabólicas. El uso de edulcorantes puede atenuar esta respuesta, lo que favorece alteraciones en dichas rutas y probablemente incrementa el riesgo de alteraciones metabólicas. No hay evidencia científica sobre su uso en menores de dos años de edad. Por tanto, el presente consenso desalienta su uso en menores de 24 meses de edad, considerando que si no existe necesidad de consumir bebidas azucaradas, tampoco lo hay para el uso de edulcorantes no calóricos.

Salvalock

Me llamo Salvador y me gusta jugar a la Nintendo Switch. Siempre me ha gustado colaborar con actividades de voluntariado y Cáritas, porque como decía San Juan Pablo II se vence al odio, la violencia y la injusticia solo con amor.

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