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COMUNICADO PUBLICO

ANTE LA CONVOCATORIA A LA CONFERENCIA DE PAZ REGIONAL

 

1.- El día de ayer, miércoles de ceniza 5 de marzo, recibí en horas de la tarde una carta del Sr. Gobernador del Estado Mérida, de fecha 5-3-14 DG-0484-14, en la que me invita a “la Conferencia de Paz Regional, en el Centro de Convenciones Mucumbarila, hora 2.pm, con el fin de dialogar de manera respetuosa, tolerante y sincera, con todos los sectores que hacen vida en el estado Mérida, para establecer una agenda de paz política y social, que permita a todos sus ciudadanos y ciudadanas restablecer la cotidianidad de nuestras obligaciones”.

 

2.- Es imperativo de todos buscar la paz, a través de la justicia, para abrir caminos a la reconciliación, el perdón y el trabajo en común.

 

3.- Después de diversas consultas, la recomendación que asumo, es la de no asistir a dicha reunión, por las siguientes razones: no se conoce quienes son los invitados a la misma y a título de qué. Los primeros invitados deben ser los actores de los acontecimientos, de una y otra parte. En segundo lugar, si bien se convoca para el establecimiento de una agenda, se echa de menos el que no se propongan algunos puntos para no caer en las descalificaciones que observamos en la reciente reunión de Caracas. Tercero, y lo más importante, no se conoce a qué se compromete previamente el ejecutivo que garantice, al menos, que hay una voluntad firme y concreta de buscar la paz ciudadana.

 

4.- Ayer mismo, en la misa de las 6 de la tarde en la iglesia parroquial de Santa Bárbara, abarrotada de fieles por ser miércoles de ceniza, irrumpió durante la celebración un grupo armado y encapuchado. La rápida intervención del celebrante, llamando a la calma y a que nadie se moviera, la cosa no pasó a mayores. Salieron, hubo tiros al aire y junto con otros motorizados causaron daños en negocios cercanos a la iglesia. Un poco más tarde, otro grupo de motorizados causó destrozos en instalaciones de la Alcaldía. Y de varios lugares de la ciudad, se recibieron noticias de enfrentamientos con dichos colectivos.

 

5.- Cabe preguntarse: ¿cómo es que estos colectivos deambulan libremente por la ciudad, amedrentan, causan destrozos, disparan a mansalva, hieren, y nunca aparecen los órganos de seguridad para resguardar la vida y los bienes de las personas? ¿Quién entrena, dirige, dota de equipos y ordena la acción de estos paramilitares civiles que se asemejan más a bandas de delincuentes o a bandas de delincuentes amparadas en la impunidad e inoperancia de la fuerza pública y del poder moral?

 

6.- Las barricadas que hay por toda la ciudad son una expresión de protesta, pero sobre todo, de defensa de los ciudadanos, ante las agresiones, tanto de la Policía y de la Guardia Nacional, como de los colectivos. De todo ello hay videos y testimonios. Sin embargo, los detenidos, y en ocasiones los maltratos, han sido inferidos a la población civil y principalmente a los jóvenes.

 

6.- La primera garantía por la que debemos luchar es por la vida de todos sin distinción. Y los primeros responsables son las autoridades que comandan a los órganos de seguridad del Estado. Tanto la Policía como la Guardia Nacional tienen razón de ser para custodiar y preservar la vida de los venezolanos. No puede ser que se conviertan en sus primeros atacantes y que los verdaderos delincuentes, que es a quienes deben perseguir, actúen libremente.

 

7.- Por ello, tal como señala el Papa Francisco, para conseguir el diálogo social como contribución a la paz: “compete al Estado el cuidado y la promoción del bien común de la sociedad. Sobre la base de los principios de subsidiariedad y solidaridad, y con un gran esfuerzo de diálogo político y creación de consensos, desempeña un papel fundamental, que no puede ser delegado, en la búsqueda del desarrollo integral de todos. Este papel, en las circunstancias actuales, exige una profunda humildad social” (Exhortación El Gozo del Evangelio 240).

 

8.- Como Iglesia, tanto nosotros los obispos, como los sacerdotes, religiosas y laicos estamos dispuestos y es lo que hacemos constantemente, trabajar por la paz, que sólo es posible en la justicia, la equidad, el respeto y el perdón. Estamos abiertos a toda colaboración por lograrla, pero quienes primero deben muestra de ello, son quienes gobiernan y deben hacerlo con igualdad para todos, con hechos concretos, no con instancias etéreas que pueden conducir a ahondar las divisiones existentes. Una vez que se aclare bien lo señalado en el número 3, estamos en la mejor disposición junto con los distintos equipos de pastoral social, familiar y juvenil de la arquidiócesis, a contribuir a la paz y convivencia de todos los merideños. La cuaresma que estamos iniciando es buena ocasión para ello.

 

Que el Señor y la Virgen Inmaculada bendigan a todos los merideños y nos ayude a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y el amor a los pobres, para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra.

 

Mérida, jueves de ceniza, 6 de marzo de 2014.

 

 

 

+ Baltazar Enrique Porras Cardozo

Arzobispo Metropolitano de Mérida

Miércoles, 05 Marzo 2014 19:51

Comunicado de la Diócesis de Punto Fijo

Mons. Roberto Lückert León, administrador diocesano sede plena y el Clero de la Diócesis de Punto Fijo informan a la comunidad paraguanera que la mañana de este viernes 28 de febrero Mons. Juan María Leonardi Villasmil fue llevado a la ciudad de Maracaibo para continuar el proceso de atención médica que requiere su condición de salud. El traslado se realizó en aeroambulancia facilitada por la Fuerza Armada Nacional y el hospital que recibió al Obispo es el Hogar Clínica San Rafael.

A partir de ahora los cuidados médicos y de enfermería se realizarán en el mencionado hogar y se ruega a toda la feligresía continuar con la elevación de oraciones a Dios y a la Santísima Virgen por la pronta recuperación del primer Obispo de la Diócesis de Punto Fijo.

El Clero de Punto Fijo y la Familia Leonardi Villasmil agradecen al personal directivo, médico, de enfermería y administrativo de la Policlínica de Especialidades por la esmerada atención que hasta la fecha ha recibido nuestro Obispo. También extienden su agradecimiento al personal de la Aviación Militar del país por el gentil servicio de su traslado hasta Maracaibo. Y de una manera muy especial agradecen a toda la feligresía y amigos de Mons. Juan María Leonardi que durante todo este tiempo han mostrado su cercanía y aprecio con su presencia, apoyo económico y sobre todo con sus oraciones.

El proceso de recuperación de la salud de Mons. Leonardi no tiene estimación de tiempo por lo que continuamos en la campaña de recolección de fondos para cubrir los gastos que amerita esta condición. Los mecanismos para aportar siguen siendo los mismos, las cuentas habilitadas para recibir fondos, y la canalización de donativos a través de los párrocos de cada comunidad. También pueden dirigirse directamente a la Curia Diocesana donde podrán hacer entrega de su donativo.

   Comisión de Pastoral de Medios de Comunicación de la Diócesis de Punto Fijo.

 

Punto Fijo, 28 de febrero de 2014

1. Con seria preocupación, estamos observando los últimos sucesos acontecidos en el país. Sobre todo, por la carga de violencia que han supuesto, con sus lamentables consecuencias de muertes, heridos y destrozos de patrimonios familiares e institucionales. Los fallecidos o los heridos no pertenecen ni al gobierno ni a la oposición, sino a sus familias y al pueblo de Venezuela, sin distinciones ni colores. Oramos por los que han fallecido y por quienes han resultado heridos. A esto se unen los saqueos que en diversas partes del país se han venido promoviendo y que causan miedo e indefensión.

2. Los estudiantes y el pueblo mismo tienen el derecho a la protesta acorde a lo establecido en la Constitución Al ejercerlo, no sólo se pueden expresar inconformidades o desacuerdos, sino que también se puede llamar la atención tanto a las diversas autoridades como a la misma ciudadanía para que, en un clima de concertación, de escucha y de diálogo se puedan superar las dificultades, resolver los problemas y corregir rumbos si fuera necesario. Lo que siempre se ha de evitar es que la protesta degenere en actos de violencia.

3. En el cumplimiento de su función de preservar el orden público las autoridades policiales y militares están obligadas a respetar los Derechos Humanos, ante todo el derecho a la vida. Al confrontar protestas están obligadas a mantenerse estrictamente dentro del marco de la Constitución, las leyes y los acuerdos internacionales. Por eso, rechazamos rotundamente el empleo de la fuerza ejercida en algunas manifestaciones por parte de organismos de seguridad del Estado, que se han extralimitado y han producido consecuencias lamentables e irreparables; el Poder Moral, especialmente la Fiscalía, debe investigar estos casos y poner en manos de la justicia a miembros de estos organismos que hayan abusado de su autoridad. Asimismo, comprobamos la indefensión de la ciudadanía ante la irrupción de grupos armados no policiales ni militares que han arremetido contra la población.  Grupos de esta naturaleza están al margen de la ley, no poseen autoridad alguna y atentan contra las bases de la convivencia. Pedimos que se actúe  y se impida que sigan realizando sus fechorías, y se investigue seriamente su proceder, sea de la tendencia política que sea.

4. Si bien la protesta es un derecho, tampoco se puede aceptar que ésta se torne violenta y, como desafortunadamente se ha visto en algunos casos, se convierta en vandalismo o propicie la ocasión para actos delictivos por parte de grupos que nada tienen que ver con quienes protestan. La violencia, venga de donde venga, es inaceptable y nunca producirá frutos de sana convivencia.

5. En nuestro país existen visiones plurales con grandes diferencias entre ellas. Ningún modelo social o político tiene el derecho a imponerse a los demás. La Constitución venezolana garantiza las condiciones de una sociedad pluralista en sus visiones. Desde hace bastante tiempo venimos alertando sobre la importancia de preservar unas relaciones sociales y políticas en la que puedan convivir las diferencias y hemos promovido el necesario proceso de reconciliación. Esta pasa por una apertura de mente y de corazón que reconozca que todos somos iguales y tenemos la misma dignidad humana. Por ello, como también lo hemos afirmado, urge un diálogo nacional. Este no consiste sólo en encontrarse para una escucha obsequiosa del otro, sino para buscar los puntos de coincidencia, atender al bien común por encima de los intereses de alguna parcialidad, a fin de conseguir así compromisos que permitan resolver todos juntos, con responsabilidad y decisión, los graves problemas que aquejan al país y que han generado protestas de distintos grupos de ciudadanos.

6. Por eso, volvemos a insistir en la necesidad de un encuentro sincero, abierto y fraterno que permita el diálogo de todos los factores que componen la sociedad venezolana. El Presidente, junto con las demás autoridades nacionales, regionales y municipales han de encontrarse con representantes de todos los sectores: agricultores, obreros, personas de la cultura, empresarios, comerciantes, académicos, profesores, estudiantes, miembros de los consejos comunales, representantes de las diversas religiones que hacen vida en el país… Si logramos, con una dinámica de participación, escucharnos todos con respeto, entonces, podremos dar importantes pasos para solucionar las dificultades y la crisis que atraviesa el país.

7. Como en otras oportunidades hemos expresado, el diálogo tiene sus propias características. La primera es el respeto y reconocimiento de los otros que son distintos, que piensan diversamente. Pedir diálogo y paz con un verbo encendido o incendiando la calle, no produce el efecto esperado. La segunda es la búsqueda de la verdad. Este es un valor que se ha perdido en Venezuela. Las diatribas políticas han logrado opacar este fundamental valor. Nadie puede pretender la posesión la interpretación exclusiva y total de los hechos. Es necesario llegar a la verdad de los acontecimientos y sucesos de estos días con el concurso de todos. Se ha propuesto una “Comisión de la Verdad”: ésta no es para favorecer a un sector en detrimento del otro, sino para buscar la verdad de acontecimientos dolorosos que han enlutado a familias venezolanas. Es necesario que Venezuela conozca a quienes han delinquido y paguen su condena, sea quien sea. De allí el pluralismo que debe existir en esa futura comisión.

8. La Palabra de Dios nos recuerda que todos somos hermanos y que podremos ser reconocidos como hijos de Dios y discípulos de Jesús en la medida que lo hagamos con el mismo amor con el que nos ha amado Jesús de Nazaret (cf. Jn13, 34-35). Reafirmemos que somos hermanos. Ello requiere un cambio radical en el lenguaje: que no sea ni descalificador ni ofensivo. Se puede disentir del otro, pero sin ofender. La Iglesia en Venezuela, a través de sus Obispos, a fin de ser fiel a su misión al Evangelio de liberación y de vida, propicia todo tipo de encuentro para el diálogo y el compromiso de todos. Así pues, invita a todos los hombres y mujeres de Venezuela a que todos juntos hagamos sentir al mundo que la enseñanza de Jesús, el Señor, nos guía para impulsarnos a ser constructores de una paz auténtica (Cf. Mt 5,9).

 Caracas, 25 de febrero del año 2014

PRESIDENCIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA

Ciudad Guayana, 18 de febrero de 2014

 

 

Queridos Universitarios de Ciudad Guayana,

 

El domingo pasado debió ser un día de júbilo para los jóvenes de nuestra diócesis, pues se celebraba la Jornada Nacional de la Juventud, donde con una caminata en la población de El Callao y la celebración Eucarística en todas las parroquias de la diócesis, se proclamaba el Año Nacional de la Juventud, decretado por la Conferencia Episcopal Venezolana, y la Consagración de nuestros jóvenes a la Virgen María. Sin embargo, no fue así.

 

Tras los acontecimientos de las marchas del 12 de febrero que llevaron a los jóvenes a manifestar pacíficamente en el sector de Alta Vista de Puerto Ordaz, la madrugada del domingo 16 nos vimos todos sorprendidos al ser arremetidos estos jóvenes por efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana.

 

Quisimos dejar pasar todos los sentimientos del momento para, con la razón iluminada por la fe, poder dirigir unas palabras orientadoras al mundo universitario de nuestra diócesis.

 

Nos damos cuenta de que la situación actual trasciende cualquier sectarismo, sea político partidista, económico, cultural o religioso, e incluso no es un reclamo en contra de un gobierno, sino a favor de la dignidad de la vida ciudadana resguardada por la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela tal y como se anuncia en su Preámbulo, así como el principio fundamental de la vida como realidad sagrada y su respeto integral, derecho que establece las bases de la convivencia humana y el ejercicio de la política (Cfr. Juan Pablo II, El Evangelio de la Vida, 1).

 

Queridos jóvenes universitarios, como dice el apóstol, les escribimos porque han vencido al maligno, son fuertes y la palabra de Dios permanece en ustedes (Cfr. 1Jn 4,13-14). Apoyamos desde nuestro ministerio pastoral su legítimo derecho a la protesta pacífica, consagrado en el artículo 68 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Y junto con las palabras del Papa Francisco (Vigilia del 27/07/2013, 3) les animamos a asumir esta verdadera vocación por construir una patria mejor:

Tu corazón, corazón joven, quiere construir un mundo mejor. Sigo las noticias del mundo y veo que tantos jóvenes, en muchas partes del mundo, han salido por las calles para expresar el deseo de una civilización más justa y fraterna. Los jóvenes en la calle. Son jóvenes que quieren ser protagonistas del cambio. Por favor, no dejen que otros sean los protagonistas del cambio. Ustedes son los que tienen el futuro. Ustedes... Por ustedes entra el futuro en el mundo. A ustedes les pido que también sean protagonistas de este cambio. Sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas que se van planteando en diversas partes del mundo. Les pido que sean constructores del futuro, que se metan en el trabajo por un mundo mejor. Queridos jóvenes, por favor, no balconeen la vida, métanse en ella, Jesús no se quedó en el balcón, se metió; no balconeen la vida, métanse en ella como hizo Jesús.

 

Sin embargo, luego de escucharles con atención, consideramos necesario compartir con ustedes las siguientes reflexiones que puntualizamos a continuación:

Sean verdaderos vencedores del maligno, es decir, rompan con todo aquello que les separa a unos de otros, sin dejarse manipular por particularidades políticas de ningún tipo, siendo una sola juventud universitaria, pues eso lo tienen todos ustedes en común a pesar de las diversas diferencias. Desde esa convicción, busquen los ideales compartidos, logrando que toda su acción político social sea la afirmación de la dignidad de todos los venezolanos (Cfr. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 105-114). Estos ideales perfilarán objetivos a alcanzar para, paulatinamente, conseguir la transformación deseada.

 

Toda protesta, dentro de democracia, debe estar apegada a las leyes y la Constitución. Por eso, defiendan en todo momento el diálogo pacífico; recuerden lo que ha dicho Jesús: "Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados… Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mt 5,6.9).

 

Recuerden que ustedes tienen el arma de la razón y la potencia de la sabiduría. Aún poseen la frescura de los ideales, fuerza que acompañada por la fe es capaz de transformar el mundo. Abracen los ideales de una sociedad plural, donde todos tengan una palabra que decir y los extremos político-económicos encuentren verdadero equilibrio. Desde su creatividad, ustedes deben plantear nuevos caminos que consigan "una realización más adecuada del bien común y de la misma democracia, según los principios de la solidaridad, la subsidiaridad y la justicia" (CDSI, 417).

 

Queridos profesores universitarios, tienen en sus manos la difícil tarea de acompañar a los jóvenes en su formación profesional. Es decir, no solamente transmitir conocimientos técnico-científicos, sino también los valores que serán vividos en la vida profesional, llegando incluso a saciar junto con sus estudiantes la sed por la búsqueda de la verdad y la forma de vivirla en la cultura actual. En palabras de Juan Pablo II, "si no está orientada hacia la verdad, que debe buscar con actitud humilde, pero al mismo tiempo confiada, la cultura está destinada a caer en lo efímero, abandonándose a la volubilidad de las opiniones y, quizá, cediendo a la prepotencia, a menudo engañosa, de los más fuertes" (Jubileo de los Profesores Universitarios, 3).

 

Por esta razón, su tarea en este momento es de suma importancia. Como adultos, les invitamos a acompañar a sus alumnos en una situación en la cual la verdad se convierte en algo difuso, pues hemos olvidado los absolutos categóricos para refugiarnos, como sociedad dividida, en relatividades acomodaticias. Además, citando nuevamente al beato, "una cultura sin verdad no es garantía para la libertad, sino más bien un riesgo" (idem). Así, en este proceso de formación, y en especial en esta ocasión, se debe guiar al diálogo racional que logra el encuentro, en el cual hay renuncias, aceptaciones y reafirmaciones mutuas.

 

Queridos gobernantes locales, no queremos dejarles por fuera en esta exhortación al diálogo mutuo. Ustedes fueron estudiantes universitarios y abrazaron ideales, como jóvenes, que aún hoy en día construyen y defienden. Saben lo que es la pasión juvenil y cómo ella puede ayudar a revitalizar nuestra sociedad. Con mucha humildad, les invitamos a abrir caminos de diálogo con el mundo universitario de nuestra ciudad. Ambas partes tienen mucho que aportar a Ciudad Guayana.

A toda la querida comunidad Guayacitana, queremos manifestarle que rechazamos categóricamente el uso de la violencia en el presente conflicto, de cualquiera de las partes involucradas, así como las violaciones a los derechos humanos que se han suscitado durante estos días.

Nuestra Iglesia diocesana seguirá acompañando esta situación desde sus diversos miembros: sacerdotes, jóvenes y demás fieles laicos, brindando a todos los involucrados el apoyo necesario para cumplir nuestra misión social de acompañar al pueblo, que "no es una multitud amorfa, una masa inerte para manipular e instrumentalizar, sino un conjunto de personas, cada una de las cuales – en su propio puesto y según su manera propia – tiene la posibilidad de formar su opinión acerca de la cosa pública y la libertad de expresar su sensibilidad política y hacerla valer de manera conveniente al bien común" (CDSI, 385).

Pedimos a la Virgen María, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción del Caroní, que interceda maternalmente para que el Espíritu Santo ilumine a todos los actores políticos de nuestra ciudad y podamos encontrar caminos que construyan la verdadera paz.

 

 

                                                                                                                               +Mons. Mariano José Parra Sandoval

                                                                                                                  Obispo de Ciudad Guayana

                                                                                                               P. Néstor Alberto Briceño Lugo

                                                                                                      Director Diocesano de Pastoral Universitaria

 

“Una prueba más de la violencia criminal imperante en nuestro País”

Jesús Plaza y Luis Sánchez, dos hombres consagrados al seguimiento de Cristo,  acogedores, dedicados toda su vida a la formación y acompañamiento de jóvenes con el ideal y la misión de  sembrar valores en  las personas, con el sueño de  transformar  nuestro país con la luz del evangelio,  para reducir la violencia y garantizar una convivencia pacífica, consiguen la muerte a manos de Jóvenes inconscientes del valor supremo de la vida.


La Comisión de Justicia y Paz  está profundamente consternada por el asesinato del Padre Salesiano Jesús Plaza y del hermano salesiano Luis Sánchez. Ante este suceso incalificable y doloroso que enlutece a la Iglesia venezolana y, particularmente a la familia salesiana, queremos  expresar nuestra indignación  por lo que este irreverente  hecho entraña e indica de erosión de los valores y deterioro de nuestra convivencia social.  

Nuestra  condolencia a los familiares del padre Jesús Plaza y del hermano Luis Sánchez, a nuestros  hermanos Salesianos y a toda la comunidad católica en Venezuela  por esta irremediable pérdida.

Repudiamos todo acto de violencia ejercida sobre cualquier persona y exigimos a las autoridades competentes clarificar los hechos para seguir en el camino de la justicia social y la paz de la que estamos careciendo en los últimos años. Pedimos igualmente. se garanticen los DD.HH y el debido proceso de los victimarios.

 

Elevamos nuestra oración para que en nuestro país recuperemos en nuestra convivencia el respeto por la vida y, seamos conscientes que la persona humana es templo de Dios, y la vida es sagrada.

 

 

 

En Caracas, a los 17 días del mes de Febrero del 2014

+ Mons. Roberto Luckert León                            + Mons. Baltazar Porras

Presidente                                                               Presidente

Oficina de Justicia y Paz                                       Comisión de Pastoral Social

1.

Nos enseña Jesús que si queremos ser felices y ser reconocidos como hijos de Dios, hemos de ser constructores de la paz (Mt 5,9). La verdadera felicidad radica en el seguimiento del Señor Jesús quien, con su entrega pascual, nos dio la capacidad de ser hijos del Padre Dios (Jn 1,12). Esta realidad nos compromete a todos los creyentes, sin excepción a ser edificadores de la paz, en el amor y en la fraternidad. Por ser hijos de Dios somos hermanos, y el distintivo es el amor fraterno, que todo lo puede (Cf. 1 Cor. 13,7).

 

2.

La auténtica paz se puede construir en la medida que todos los hijos de Dios se encuentren y sean capaces no sólo de superar las dificultades y diferencias, sino también cuando se reconozca en el otro la imagen de Dios. De aquí surge el respeto por los demás: en el reconocimiento de la dignidad propia de todos y cada uno de los seres humanos. En el fondo es reconocer en cada quien la presencia viva de un Dios que acobija a todos con el amor.

 

3.

En los momentos difíciles que haya vivido o pueda vivir la humanidad a lo largo de su historia, la única fuerza que ha hecho posible la paz es la del amor, que implica el encuentro, el diálogo y la reconciliación. Esto requiere la decisión de todos para lograrlo, con la ayuda del mismo Dios. Es así como se han podido ir superando los conflictos y se han podido conseguir no sólo acuerdos, sino la construcción de un camino común.

 

4.

Estamos viviendo momentos de tensión y de crisis en nuestro país. Son variadas las causas y muchos los efectos. Por eso, se requiere de todos nosotros el empeño, desde la solidaridad, la justicia y la fraternidad que nacen del amor, para encontrarnos y así poder dialogar y conseguir la reconciliación. Esto, a la vez, exige que el camino sea el de la no violencia. Con actos de violencia, vengan de donde vengan, no se conseguirá nada; más bien se abrirá el paso a resentimientos, heridas espirituales y mayor división.

 

5.

Por eso, y porque “hemos creído en el Amor” (1 Jn 4,16), hacemos un llamado a todos para que en nuestra región y en Venezuela, cese todo tipo de violencia. El derecho a la protesta se debe mantener pero en los términos del civismo y de la fraternidad. Podemos tener diferencias, podemos tener desacuerdos… pero no es con la violencia como se va a resolver nada. De allí la importancia de abrir un espacio para el encuentro. Al lograrlo, sin duda daremos un paso importante y podremos “dialogar”. El diálogo no es escucha obsequiosa del otro, sino el poder compartir en un lenguaje de paz y serenidad las ideas, las propuestas, los reclamos y lo que nos ayude a superar la crisis y las dificultades y lograr la reconciliación.

6.

En el nombre del Señor Jesús, hacemos un llamado a que cese la violencia de todo tipo –la verbal, la de la agresión, la de la represión- y que busquemos demostrar que somos “gente de paz” como solemos cantar durante la Navidad. Deploramos las muertes que han acaecido durante las manifestaciones en diversos puntos del país, así como también el que haya habido numerosos heridos. Pedimos que quienes han provocado estas muertes y daños personales asuman sus responsabilidades y sean castigados de acuerdo a lo establecido por la ley. A los dirigentes políticos, sociales, económicos, estudiantiles les invitamos a encontrarse y compartir las ideas y opiniones en la búsqueda de un consenso y de un camino de paz social para todos. Que el respeto hacia los otros (que incluye sus bienes materiales) sea el signo característico de un compromiso que nos lleve a edificar la verdad, la justicia y la paz en el amor.

 

7.

Invitamos a todos los creyentes a seguir elevando oraciones para que la luz del Espíritu nos oriente en todo momento y asista a todos los dirigentes y responsables de la sociedad a fin de que se logre el encuentro, el diálogo y el compromiso por la paz y la concordia. Los sacerdotes y agentes de pastoral estamos obligados a promover la paz y la fraternidad tanto con nuestra predicación como con todas aquellas acciones que nacen del compromiso evangelizador de edificar la concordia entre todos los hermanos. Contamos con la protección de María del Táchira, nuestra Señora de la Consolación y del Santo Cristo de la Grita, quien con sus brazos amorosos nos cobija a todos sin excepción.

 

San Cristóbal, 14 de febrero del año 2014.

             +Mario, Obispo de San Cristóbal.

El Estado de Derecho y la Democracia son el marco institucional propicio para el respeto, garantía y protección de los derechos humanos. El respeto a la Constitución, la independencia de los poderes públicos, la actuación de los funcionarios públicos con sujeción al ordenamiento jurídico y la responsabilidad por la violación de los derechos humanos, son elementos sustanciales para la existencia de una sociedad democrática

 

La Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Venezolana, en su misión de participar en la construcción de una convivencia justa y pacífica fundada en la fe y en el respeto a la dignidad humana, lamenta los violentos incidentes ocurridos durante el presente mes. Nos duele hondamente el costo humano que dejan como saldo las manifestaciones ocurridas en diferentes zonas del País los días 12 y 13 de febrero, que, hasta el momento, han arrojado 3 ciudadanos muertos y aproximadamente 66 heridos y 80 detenidos.

Ante esta situación:

Rechazamos

  • La criminalización generalizada, por parte del Estado, del derecho a manifestar y protestar.
  • La participación de grupos civiles armados al margen de la ley (paramilitares) con la venia muchas veces de instituciones y fuerzas pública que tienen el deber de garantizar la paz social y los derechos fundamentales.
  • El uso desproporcionado e indiscriminado de la fuerza para mantener el orden público, vejando la dignidad humana.
  • La restricción de la información y la autocensura que generan rumores infundados, incertidumbre y desasosiego en la población.
  • Las detenciones arbitrarias, la irregularidad de la designación de uncentrode reclusión que queda distante del JuezNaturaly del sitio donde sucedieron los hechos.
  • Los tratos crueles para con los detenidos que atenten con la Dignidad Humana.
  • Cualquier iniciativa que tienda a la violencia y tergiverse la voluntad pacifica de los ciudadanos a expresar sus opiniones, ideas y descontentos.

 

Exigimos

  • A los partidos políticos, a la sociedad civil, a las instituciones del Estado venezolano a tolerar y reconocer las diversas ideas, opiniones, planteamientos, para dialogar, negociar y construir de manera democrática alternativas inclusivas, justas y pacíficas. La violencia y el conflicto fratricida es un camino ciego.
  • Respuestas institucionales apegadas al debido proceso que orienten de manera eficaz, independiente e imparcial una investigación para garantizar la verdad y la consecución de la Justicia.
  • Un listado de los detenidos con su ubicación exacta y cargos que se le imputan, para garantizar el derecho a la legítima defensa y que la familia tenga la información de su familiar.
  • El respeto al derecho a manifestar y protestar de manera pacífica en el marco constitucional.
  • Al Estado Venezolano a respetar el derecho a la integridad personal y a las garantías judiciales de los detenidos.
  • Al Estado adoptar mecanismos para evitar el uso excesivo de la fuerza por parte de los agentes públicos en marchas y manifestaciones de protesta.

Nos solidarizamos con todos los familiares de las víctimas, expresándoles nuestras palabras de condolencia y nuestra oración en estos momentos de tristeza y dolor.

 

Pedimos a todos los cristianos: orar intensamente y trabajar en la construcción de la paz, dando testimonio de un auténtico seguimiento a Jesucristo, nuestro Señor, para hacer posible en nuestro país la fraternidad de los hijos e hijas de Dios. Elevamos nuestras oraciones por todas las víctimas de la violencia y sus familiares.

 

Nos comprometemos desde la Vicaría de Caracas, La Vicaria de Los Teques y la Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal a trabajar conjuntamente con el Foro por la Vida en el acompañamiento y la asesoría las víctimas y hacer un seguimiento a los hechos ocurrido, exigiendo una investigación independiente, la garantía y el respeto de los Derechos Humanos.

 

“…La paz se construye día a día, en

la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia

Más perfecta entre los hombres…” Papa Francisco (EG 219)

 

En Caracas, a los 14 días del mes de Febrero del 2014

                                                                                     + Mons. Roberto Luckert León                                       + Mons. Baltazar Porras

                                                                                                   Presidente                                                                Presidente

                                                                                          Oficina de Justicia y Paz                                          Comisión de Pastoral Social

 

  1. Los Obispos de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana expresamos nuestra profunda preocupación por el creciente clima de tensión que ha caracterizado la vida nacional en los últimos días. Como pastores de la Iglesia manifestamos nuestro deseo de contribuir al fortalecimiento de la paz entre todos los venezolanos. Rechazamos cualquier tipo de violencia, tanto en las manifestaciones como fuera de ellas, así como los excesos en la represión de las mismas. Lamentamos la muerte de tres ciudadanos, la situación de salud de los heridos y el gran número de estudiantes detenidos. Expresamos nuestras sinceras condolencias a los familiares de los fallecidos.
  2. El derecho a la protesta pacífica, así como el derecho a la libertad de expresión e información, son valores sociales imprescindibles para el ejercicio de una auténtica democracia. Los que ejercen responsabilidades públicas deben garantizar el ejercicio de esos derechos, evitando el uso de medidas judiciales para amedrentar y castigar a los disidentes.
  3. Frente a los grandes desafíos de nuestro país en la lucha contra la inseguridad personal y la violencia social, y ante los graves problemas económicos que nos afectan a todos, la protesta contra el Gobierno es legítima y constitucional, pero debe ser pacífica. El recurso a la violencia como medio para imponer las propias posiciones, venga de donde venga, es moralmente inaceptable. Esta debe ser desterrada siempre tanto del lenguaje como de las acciones. Los grupos violentos deben ser desarmados y controlados por las autoridades policiales, en concordancia con la política de desarme. Exigimos una exhaustiva investigación y el castigo a los culpables en el marco de la Constitución y las leyes, observando el debido proceso judicial.
  4. Le corresponde, en primer lugar, a las diversas instancias del Estado atender los justos reclamos de los diversos sectores y ofrecer las condiciones mínimas para un diálogo social que permita superar los problemas sociales y económicos. Este diálogo se evalúa por los resultados; debe basarse en el respeto de las legítimas diferencias y tener como finalidad la búsqueda del bien común, que va más allá de los intereses de personas o grupos.
  5. Pedimos a los dirigentes de todos los partidos y agrupaciones, tanto sociales como políticas, que alienten a todos sus partidarios a contribuir con su conducta y sus palabras a bajar las tensiones, al reconocimiento de los adversarios y a la mutua reconciliación. Que sea firme y sostenido el propósito de construir la paz y evitar cualquier tipo de manifestación violenta que rompa la sana convivencia entre todos los ciudadanos
  6. Pedimos a los directivos de los Medios de Comunicación Social y a los comunicadores sociales informar la verdad con objetividad y evitar la exaltación de la violencia.
  7. Rogamos a todos los sacerdotes mantener en las celebraciones litúrgicas y en toda ocasión la plegaria por “los líderes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos gozar de una vida tranquila y pacífica, con toda reverencia y dignidad” (1 Tm 2,2). Invitamos de igual manera a todos los católicos a elevar oraciones a Dios, Padre de todos, y a pedir la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, en favor de la reconciliación del país.

 

Caracas, 14 de Febrero de 2014

 

XEmmo. Sr. Cardenal

Jorge Urosa Savino

Arzobispo de Caracas

Presidente de Honor de la CEV

 

XDiego Rafael Padrón Sánchez

Arzobispo   de Cumaná

Presidente   de la CEV

 

 

XJosé Luis Azuaje Ayala

         Obispo de Barinas      

1°   Vicepresidente de la CEV

 

 

XMario Moronta Rodríguez

Obispo de San Cristóbal

2°   Vicepresidente de la CEV

 

XJesús González de Zárate Salas

Obispo   Auxiliar de Caracas

            Secretario General de la CEV

 

 



 

 

 
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