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CARTA PASTORAL AL PUEBLO DE DIOS EN VENEZUELA CON MOTIVO DE LA VISITA AD LIMINA DE LOS OBISPOS VENEZOLANOS A ROMA

 

 

 

 

VISITA-AD-LIMINA-2018

CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA
En Comunión con el Obispo de Roma
y la Iglesia Universal
CARTA PASTORAL AL PUEBLO DE DIOS EN VENEZUELA.


A todos, gracia y paz en el Señor.


1. Partícipes del gozo y la esperanza, así como de las angustias y dificultades de nuestro país, por ser pastores del pueblo de Dios, al cual pertenecemos, nos dirigimos a todos los venezolanos y les reafirmamos nuestro compromiso de servicio. Por tener "el gusto espiritual de ser pueblo" (Cf. Ev.G. 268ss) asumimos la tarea de construir la comunión entre nosotros y con las demás Iglesias particulares esparcidas por el mundo, en estrecha y permanente adhesión al Obispo de Roma.


LA VISITA AD LIMINA APOSTOLORUM.


2. Los Obispos, en el ejercicio de su ministerio dentro del pueblo de Dios, prestan un servicio a la unidad de fe y comunión. Con su trabajo pastoral en cada una de sus Iglesias locales, son el vínculo de unión con el Papa, Obispo de Roma y Sumo Pontífice de la Iglesia Universal. Esta unidad en la fe y en la comunión se expresa de manera especial en la Visita Ad Limina Apostolorum, actividad que todos los Obispos del mundo, por disposición del Derecho Canónico, deben realizar periódicamente. A los obispos venezolanos nos corresponde hacerla durante el mes de septiembre de este año 2018. La misma tiene por objeto fortalecer la responsabilidad de los pastores como sucesores de los Apóstoles y su comunión jerárquica entre sí y con el Sucesor de Pedro. Las dos últimas Visitas ad Limina de los Obispos venezolanos tuvieron lugar en los años 2002, siendo Papa San Juan Pablo II y durante el año 2009 bajo el Pontificado de Benedicto XVI.


3. Puesto que se trata de un acontecimiento que involucra no sólo a nuestras personas sino a las comunidades que representamos, nos dirigimos a Ustedes, miembros del Pueblo de Dios, para dar algunas orientaciones en relación a la mencionada Visita Ad Limina.


4. El nombre que se da a esta Visita alude a los sepulcros de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. La veneración y peregrinación a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo tiene un profundo sentido espiritual y de comunión eclesial. Efectivamente, de este modo queda expresada la unidad de la Iglesia —fundada por el Señor sobre los Apóstoles y edificada sobre el bienaventurado Pedro— con el mismo Jesucristo como piedra maestra angular y su «evangelio» de salvación para todos los hombres (CONGREGACIÓN PARA LOS OBISPOS, Directorio para la Visita Ad Limina, II).


5. Por otra parte, el encuentro con el Sucesor de Pedro, el Obispo de Roma, custodio del depósito de la verdad transmitida por los Apóstoles, tiende a consolidar esta unidad, fundada sobre la misma fe, esperanza y caridad y a dar a conocer mejor y a apreciar el inmenso patrimonio de valores espirituales y morales que toda la Iglesia, en comunión con el Obispo de Roma, ha difundido por todo el mundo (Ibidem III). Este encuentro incluye también reuniones con los Dicasterios de la Santa Sede, para estudiar temas más precisos de la vida de la Iglesia en cada país.


6. En nuestro caso, se tiene previsto el encuentro con el Santo Padre el día 10 de septiembre, en horas de la mañana. El Papa nos recibirá en conjunto a todos los Obispos de la Conferencia Episcopal, con quienes tendrá un diálogo fraterno acerca de la vida de la Iglesia y la situación del propio país. Además, el Santo Padre nos dará un mensaje para orientar e iluminar nuestra vida eclesial y trabajo de la Iglesia en Venezuela para los próximos años. Con nuestra presencia en Roma, ratificaremos nuestra comunión con el Papa Francisco, quien siempre ha mostrado una seria y decidida preocupación por Venezuela, que agradecemos de todo corazón. A él y a sus más inmediatos cooperadores les haremos sentir la voluntad de libertad, justicia y paz de todo nuestro pueblo, golpeado por la crisis que vive la nación. Con toda seguridad, llevaremos la voz de los más pobres y pequeños de nuestra sociedad venezolana. La Visita Ad limina será expresión de la vida y compromiso de todos: Obispos, sacerdotes, religiosos y laicos.


7. Durante los días de la Visita Ad Limina Apostolorum se tiene concelebraciones eucarísticas en cada una de las Basílicas Mayores (San Pedro, Santa María la Mayor, San Pablo Extramuros y San Juan de Letrán), con la participación de sacerdotes, seminaristas y religiosas de Venezuela que se encuentran en Roma. Pueden estar seguros que estarán siempre en nuestra oración y en cada uno de los planteamientos que hagamos al Santo Padre y que sabemos nos animará con su mensaje y su bendición.


8. Los Obispos hemos enviado a la Sede Apostólica un Informe, de acuerdo a un formulario previamente establecido, el cual expresa la vitalidad de cada Iglesia particular, la riqueza de su pueblo, sus agentes de pastoral, instituciones, actividades y logros. Allí se hace mención de los esfuerzos y trabajos de nuestros sacerdotes y diáconos; el testimonio de vida apostólica de nuestros laicos; el aporte decidido de quienes trabajan en la catequesis y en las diversas áreas de la pastoral; la luz que brilla desde los miembros de la Vida Consagrada; la esperanza que surge de nuestro seminarios y casas de formación. Dicho Informe es examinado por los distintos organismos de la Curia romana, los cuales dan a conocer sus observaciones de modo general en las respectivas visitas del Episcopado, o de manera particular a cada Obispo.


9. Además de expresarlas en el informe de cada Diócesis, los Obispos llevaremos las inquietudes, las angustias, los graves problemas, las grandes esperanzas y las grandes alegrías de nuestra gente. No vamos como turistas ni como simples funcionarios; esta Visita quiere ser una respuesta a la gracia de Dios que nos invita a fortalecer nuestro ministerio como pastores y para recibir nuevas luces en beneficio de nuestra acción pastoral siempre a favor del pueblo de Venezuela.


UNIDOS EN LA ORACION.


10. Les invitamos a todos a acompañar este acontecimiento eclesial con la oración. Esta debe acompañarnos mutuamente e impulsar la unidad que ha de distinguirnos en todo momento. Ha de ser una plegaria continua que brote desde las parroquias, desde las diferentes comunidades, desde todos los grupos de apostolado, de cada familia, de cada centro de formación, de cada calle. Una oración que pida a Dios por el éxito de esta Visita.


11. Deseamos poner esta Visita en manos de la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia. Por ello convocamos a dos jornadas de oración mariana, una anterior a la visita y otra durante su desarrollo: la primera para el 15 de agosto, Fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen a los cielos, para que Ella acompañe a nuestros Obispos y sea una Visita enriquecedora para nuestra Iglesia en Venezuela. La segunda para el 11 de septiembre, Solemnidad de nuestra Patrona, la Virgen de Coromoto: esta jornada debe expresar la comunión y la unidad de todas las diócesis de Venezuela con sus Pastores: una comunión afectiva y efectiva. "Les pedimos, hermanos, que tengan en consideración a los que trabajan entre ustedes, los presiden en el Señor y los amonestan. Ténganlos en la mayor estima con amor por su trabajo." (1Tes 5,12ss).


12. Animamos a todos los miembros del pueblo de Dios en Venezuela a aprovechar esta experiencia de la gracia de Dios. Contamos con la fuerza del Espíritu Consolador y todo lo hacemos en el nombre del Señor Jesús. Reciban todos, junto con nuestro saludo, la reiteración de nuestra disponibilidad en el servicio para con todos y la bendición del Dios de la Vida y del Amor.

 


Caracas, 9 de julio del año 2018.

 

FIRMAN LOS ARZOBISPOS Y OBISPOS DE VENEZUELA

Papa Francisco nombra al Emmo. Sr. Cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Caracas

 

 

Cardenal Porras

 

Papa Francisco nombra al Emmo. Sr. Cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Caracas

 


El Santo Padre ha nombrado hoy 09 de julio de 2018 al Emmo. Sr. Cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo, Arzobispo de Mérida, como Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Caracas, otorgándole todos los derechos facultades y obligaciones que comportan a los obispos diocesanos a norma del derecho.


El Papa Francisco a través de un Decreto de la Congregación para los Obispos y firmado por el Cardenal Mac Oullet, Prefecto de la Congregación para los Obispos ha realizado este nombramiento y designación al encontrarse vacante esta sede arzobispal.


La sede de la Arquidiócesis de Caracas es vacante a partir de hoy.

 

El pasado 28 de agosto de 2017 cuando el Emmo. Sr. Cardenal Jorge Urosa presentó su renuncia ante el Papa Francisco de acuerdo a lo establecido en el canon 401.1 del Código de Derecho Canónico. ""Al Obispo diocesano que haya cumplido setenta y cinco años de edad se le ruega que presente la renuncia de su oficio al Sumo Pontífice, el cual proveerá teniendo en cuenta todas las circunstancias".

 

 

 

 

Nombramiento Cardenal Porras para Caracas

 

 

Prensa CEV
09 de julio de 2018

Homilía del acto Eucarístico en la Inauguración de la CX Asamblea CEV

 

 

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HOMILIA

ACTO EUCARISTICO

INAUGURACION ASAMBLEA EPISCOPAL JULIO 2018.

 

La oración de la Iglesia en esta hora tercia, ante la Presencia Real de Jesús Eucaristía, nos brinda algunas líneas que pueden orientar nuestras labores dentro del marco de la Asamblea Episcopal que estamos iniciando. Nos reunimos los Obispos de Venezuela para una de las dos Asambleas Ordinarias de acuerdo a los Estatutos de la CEV. Pero, "ordinaria", en este contexto no debe ser entendida como una acción cualquiera o sin referencia a la vida de nuestro pueblo, al cual pertenecemos y del que somos sus pastores. Es "ordinaria", que significa mantener viva la comunión entre nosotros mismos, los Obispos, con nuestros presbíteros y diáconos, laicos y miembros de la Vida Consagrada. "Ordinaria" porque se inserta en la vida cotidiana de nuestras comunidades.

 

Desde esta perspectiva, hay tres ideas que nos llegan de la Palabra de Dios proclamada en esta oración que estamos realizando: el acompañamiento que siempre nos hace Dios; la confianza puesta en Él y el compromiso por la paz del pueblo de Dios. En primer lugar, el salmista nos invita a reconocer que el Señor nos acompaña en todo momento. De allí que le pidamos nos muestre el camino a seguir puntualmente y así "cumplir su voluntad y a guardarla de todo corazón". En este reconocimiento le pedimos nos aleje de las vanidades y de los intereses particulares. Sólo así podremos cumplir su voluntad y disfrutar de la promesa que Él hiciera desde siempre. No es otra cosa que la liberación de la humanidad.

 

Una segunda idea, consecuencia de lo anterior, es la del la actitud de confianza que hemos de tener en el Dios de la liberación y de la vida. "Nada les falta a los que le temen" entona el salmista..."Los que buscan al señor no carecen de nada". Pareciera contradictorio cantar esta alabanza de confianza a Dios en los momentos que atraviesa nuestra nación y ante el sufrimiento de los más pequeños y desvalidos. Pero, esa fue siempre la experiencia del pueblo de Israel: aún en medio de las dificultades, en medio de los problemas y opresiones, fue invitado a confiar en Dios, quien cual pastor bueno, lo condujo en todo momento aún por cañadas oscuras y barrancos peligrosos.

 

Para ello, hemos de afinar nuestro compromiso: éste consiste en "buscar la paz y correr tras ella, apartarse del mal y obrar el bien", según las palabras del autor sagrado. Es un compromiso con el bien que nace en Dios y que es capaz de destruir toda maldad; a la vez, es un compromiso del creyente contra la corrupción, fruto del pecado: corrupción que nace por la falta de temor de Dios y la ruptura con la verdad.

 

Además de otras ideas importantes, con la gracia de Dios, estas tres ideas que recurren hoy en nuestra oración inicial nos orientan en esta Asamblea Episcopal. Asamblea, por otro lado, que se hace en comunión con el pueblo del Dios, al cual servimos y nos debemos. Con estas ideas, surgidas de la Palabra de Dios, podremos orientar nuestras reflexiones, nuestras deliberaciones y conclusiones, así como el mensaje que, ciertamente daremos. Como siempre, esta Asamblea reafirmará nuestro compromiso de pastores. Nos toca "hacer brillar la verdad en el amor". Y esa verdad, reflejo vivo de la Palabra que ibera (cf. Jn 8,32), es la que nos mueve para poder iluminar la vida de nuestra Iglesia y de nuestra nación.

 

Desde esa Verdad que libera, sencillamente, no sólo hablaremos, sino nos invitaremos mutuamente con todos los venezolanos, a denunciar y luchar contra la corrupción, presente en tantas personas e instituciones a lo largo y ancho del país. Es necesario fortalecer nuestra tarea evangelizadora para hacer resplandecer la luz que rompe todo tipo de tinieblas y que, a la vez, permite vislumbrar los auténticos horizontes de la libertad y de la justicia, que lo son del Reino de Dios. Estamos empeñados en promover la VERDAD, no parcialidades o pseudo-verdades, ni falsos positivos. Lo hacemos, por supuesto, desde la opción por la unidad, en la comunión con todos, sin excepción, recordando que el mundo creerá en Dios, al experimentar la fuerza de la unión entre nosotros y de nosotros con el pueblo de Dios, en especial los más sufridos.

 

Nuestro compromiso y responsabilidad se manifiesta en las acciones realizadas con total caridad pastoral: nos interesa el bien común de todo nuestro pueblo, no de sectores particulares; nos llama Dios a edificar la verdadera paz, sin condicionamientos ideológicos; nos exige el Señor el compromiso de ser buenos pastores dispuestos a dar la vida por toda nuestra gente. Y dar la vida, obra de amor y misericordia, es estar disponibles para el servicio, ser capaces de levantar a quien está caído y sostener al débil, y es hacer sentir que no somos ajenos al pueblo, a la gente, con sus gozos y alegrías, con sus problemas y dificultades. Para ello, contamos con la gracia que nos da el Espíritu Consolador.

 

Confiamos, precisamente en Dios. Un Dios encarnado, no lejano. Un Dios que, a través de nosotros, se hace presente a nuestro pueblo para contagiarle esperanza y aliento en medio de las dificultades. Si somos capaces de manifestar nuestra confianza en Dios, de seguro, las angustias y problemas bien serios que vive nuestro pueblo no les asustarán: pues, sencillamente, la gente sabrá entender que podrá confiar en Dios porque somos puentes con Él y porque somos capaces de llevar sus cargas pesadas, como lo supo hacer Simón de Cirene con Jesús.

 

De verdad que el Señor nos acompaña. Nos ofrece su gracia, su luz y sabiduría. Pero hay algo cierto también: nos ha colocado en medio de nuestro pueblo para que los hombres y mujeres de Venezuela sepan que Dios les acompaña. Somos nosotros, Obispos, presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas y agentes laicos de pastoral, quienes debemos hacerles sentir la presencia y compañía de Dios en estos tiempos de tribulación y dificultades. Como se ha hecho siempre, la Asamblea de los Obispos debe contagiar a todo nuestro pueblo la confianza en el Dios que no nos deja solos. Por eso, la luz de su sabiduría secundará las propuestas y decisiones, las acciones y las esperanzas que han de ser promovidas desde acá.

 

Ante el Señor Sacramentado, iniciando nuestra Asamblea Episcopal, reafirmamos nuestra fe en Él. Sabemos en quién hemos puesto nuestra confianza. Que con las deliberaciones y responsabilidades asumidas en esta Asamblea Episcopal, se sienta que cumplimos con la Palabra de Dios, proclamada en la oración de Tercia: "Sabrán todas las naciones del mundo que el Señor es el Dios verdadero... y nuestro corazón será totalmente del Señor" porque, al seguir sus mandamientos anunciamos su Evangelizo de liberación y edificamos su Reino de amor, verdad y Justicia. Nos protege en ello, María de Venezuela, Nuestra Señora de Coromoto. Amén.

 

+Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal
I Vice-Presidente de la CEV

Palabras de apertura de Mons. José Luis Azuaje, Presidente de la CEV en la instalación de la CX Asamblea del Episcopado Venezolano

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PALABRAS DE MONSEÑOR JOSÉ LUIS AZUAJE AYALA, ARZOBISPO ELECTO DE MARACAIBO Y PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA EN LA APERTURA DE LA CX ASAMBLEA ORDINARIA PLENARIA.


Caracas del 07 de julio de 2018

 

Sr. Cardenal: Baltazar Enrique Porras Cardozo, Arzobispo de Mérida, Presidentes de Honor de la CEV


Sres. Hermanos Arzobispos y Obispos de Venezuela.


Rvdo. Mons. Paul Butnaru, encargado de negocios de la Nunciatura Apostólica en Venezuela.


Rvdo. Padre Francisco José Virtuoso, Rector de la Universidad Católica Andrés Bello


Estimados Superiores y Superioras Mayores y Miembros de la Vida Consagrada.


Sres. Representantes de los diversos organismos eclesiales


Miembros de la Junta Directiva del Consejo Nacional de Laicos (CNL)


Sres. Directiva de la Asociación venezolana de Educación (AVEC).


Sres. Pbros. Subsecretarios de la CEV y Presbíteros invitados.


Sres. Directores de los Departamentos del Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano (SPEV)


Sres. Representantes de los Medios de Comunicación Social


Distinguidos Invitados e invitadas.


Amigos todos.

 

SALUTACIÓN.


Animados por el Espíritu Santo y viviendo la comunión fraterna en la responsabilidad que tenemos como obispos ante los cristianos católicos del país, abrimos la Centésima Décima Asamblea Ordinaria Plenaria del Episcopado Venezolano en un clima de cercanía eclesial, ferviente oración, discernimiento pastoral y diálogo respetuoso.


Estatutariamente nuestra Asamblea Episcopal es convocada los meses de enero donde se hace más énfasis en la realidad social del país, y en el mes de julio donde el énfasis va dirigido a la realidad eclesial, que no se distancia de lo social, sino que lo incluye como telón de fondo donde todo inicia y todo concluye.


Iniciando estas palabras quisiera enviar en nombre de esta Iglesia que peregrina en Venezuela y de nuestra Conferencia Episcopal un saludo solidario y de cercanía espiritual a todo el pueblo Nicaragüense y a sus Pastores, miembros de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, ante la situación de violencia que se ha generado en el país a causa de las protestas cívicas por los males que sufre el pueblo. Que el diálogo y la concertación sean el camino que los conduzca a la paz y el bienestar integral.


1. De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia Jn 1,16.

 

A pesar de la difícil realidad que se vive en el país, la Iglesia sigue su marcha testimonial desde los distintos contextos de servicio eclesial. En los últimos tres años ha habido una renovación del episcopado con el nombramiento de nuevos obispos en su mayoría provenientes de servicios parroquiales, lo que implica de por sí una experiencia en el ámbito pastoral; esto enmarca a nuestra Conferencia Episcopal como una de las más jóvenes en la edad de sus miembros y esto nos llena no solo de alegría, sino de responsabilidad ante los retos presentes.

 

Esta renovación no ha cesado y ha venido acompañada con la creación de la Diócesis del Tigre y el nombramiento de su primer obispo en la persona de Mons. José Manuel Romero, a quien le deseamos un servicio pastoral alegre y lleno de muchos frutos evangelizadores. También el Papa Francisco ha nombrado dos nuevos Arzobispos en la persona de Mons. Jesús González de Zárate como nuevo Arzobispo de Cumaná y en mi persona como nuevo Arzobispo de Maracaibo. Estos nuevos servicios nos comprometen a ser testigos de Cristo resucitado en medio de un pueblo crucificado. Agradecemos vivamente el servicio pastoral prestado hasta ahora en esas arquidiócesis a nuestros queridos hermanos mayores Diego Rafael Padrón Sánchez y Ubaldo Ramón Santana Sequera. Ellos no se retiran a un mundo tranquilo, sino que como "eméritos" tienen un puesto de servicio diferente en nuestra Iglesia, su experiencia, su historia de vida les hace merecedores de ser guías para las nuevas generaciones episcopales. Realmente estamos agradecidos por su testimonio de vida y de servicio eclesial.

 

Nos alegra mucho compartir el gozo de la Diócesis de Puerto Cabello al aperturar el Año Jubilar de 25 años de servicio eclesial como Diócesis, con inmensas experiencias pastorales y humanitarias y con proyectos futuros que la consolidan como servidora desde su especificidad dada por estar a orillas del mar. En esta historia pastoral han tomado el timón: Mons. Ramón Linares como primer Obispo, Mons. Ramón Viloria como segundo obispo y nuestro hermano Saúl Figueroa como tercer y actual Obispo, a quien saludamos y expresamos nuestra alegría y felicitaciones, enviando un mensaje de cercanía solidaria a todo el pueblo de Dios que peregrina en Puerto Cabello.


Desde que se inició el 2018, hemos escuchado los avances en los Sínodos tanto de los jóvenes como el de la amazonia. El sínodo de los jóvenes que se realizará en el mes de octubre próximo nos pone ante el reto de volver a renovar la opción preferencial por los jóvenes dada en la III Conferencia Episcopal Latinoamericana en Puebla. Tenemos un país de jóvenes que se nos están yendo, que están en salida humanitaria. Se trasladan con los riesgos que esto acarrea en búsqueda de nuevos horizontes que esta realidad venezolana a la que se le ha sometido, no les ofrece. Hay varios verbos propuestos en el documento preparatorio sobre el Sínodo, verbos que nos deben accionar a una búsqueda decidida de evangelización de los jóvenes por otros jóvenes: Reconocer, interpretar y elegir; además, salir, ver y llamar. Tendremos una gran oportunidad para redimensionar la pastoral juvenil en el encuentro nacional de jóvenes (ENAJÓ) a celebrarse del dos al cuatro de agosto próximo. Momento de evangelización, de encuentro entre los jóvenes con Cristo y con el pueblo, de sentido eclesial y de fortalecimiento de la fe. Las Iglesias particulares del oriente del País, teniendo como centro la Diócesis de Barcelona, se alegrarán porque Cristo joven estará ahí presente en cada uno de los participantes. El sínodo de los jóvenes nos da una oportunidad para volver a preguntarnos sobre los procesos de evangelización dirigidos a los jóvenes, ahora con el componente de la fe y discernimiento vocacional desde una acción pastoral al servicio de ellos.


También estamos preparando el Sínodo especial de la Amazonía. Este es un sínodo que tiene una característica propia: es territorial y afecta directamente a 9 países de la región, pero indirectamente afecta al mundo entero, porque la Amazonía es uno de los grandes pulmones del mundo por sus riquezas en culturas indígenas, en biodiversidad natural y riquezas impensables en el subsuelo, en sus ríos y su fauna. Creo que debemos mirar con mayor atención la propuesta del Papa Francisco al querer convocar este Sínodo que no sólo tiene relación con el Vicariato de Puerto Ayacucho, sino con toda Venezuela. Por eso tendremos en nuestra Asamblea un espacio para iniciar esta reflexión sinodal, dirigida por nuestro querido hermano Mons. Divassón, quien nos representa en la Red eclesial Panamazónica (REPAM), una de las instituciones encargadas de organizar el Sínodo.


Desde esta perspectiva de servicio eclesial tendremos presente la conmemoración de los 50 años de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín, que fue inaugurada por el beato y pronto Santo, Pablo VI, en Bogotá el 24 de agosto de 1968. Recordar a Medellín en estos momentos en que vivimos grandes injusticias en Venezuela es motivo de esperanza. Con Medellín se inició un proceso interesantísimo de renovación eclesial y de compromiso por los más pobres de nuestro continente. La lectura que los obispos de ese entonces hicieron de la realidad latinoamericana, el fervor de poner al día a la Iglesia asumiendo el Concilio Vaticano II recién concluido el 8 de Diciembre del año 1965, y la expresión de servicio a los más pobres, cambió la historia de nuestra Iglesia en su servicio a la humanidad latinoamericana. El pacto de las Catacumbas asumido por varios Obispos de nuestra región, a los que posteriormente se sumaron muchos más, fue un primer impulso para hacer de nuestra Iglesia un espacio testimonial y de servicio a los más vulnerables. Hoy esa experiencia se extiende al mundo entero con el Papa Francisco y su visión eclesiológica de una Iglesia testimonial y misericordiosa, que a pesar de los riesgos de salir manchada por servir a la humanidad, no puede detenerse ante las injusticias que corroe la cultura y el alma de nuestros pueblos. Como Episcopado nos hemos propuesto hacer una reflexión recordatoria e inspiradora de Medellín en el mes de Octubre, después del Sínodo de los jóvenes.


Un gran acontecimiento hemos celebrado en nuestro país con la Beatificación de la Madre Carmen Rendiles, fundadora de las hermanas Siervas de Jesús. Es la tercera mujer nacida en nuestra tierra venezolana, que con una experiencia de Dios y en respuesta a su llamada, hizo de su vida una ofrenda convirtiéndose en una bendición para aquellos a quienes sirvió desde su vocación religiosa. Fue una mujer valiente y decidida, y así un referente para todos los bautizados, en especial para la mujer venezolana que día a día trabaja, cuida sus hijos y sufre por su familia. Hoy ante tantas carencias en nuestro pueblo, se multiplican las Carmen Rendiles en nuestras comunidades, servir a un pueblo pobre es la consigna. Ya las comunidades religiosas lo hacen desde siempre y debemos bendecir a Dios por regalarnos el don de la vocación femenina en la vida religiosa, su entrega, sus desvelos humanos y evangelizadores, el llegar a donde otros no llegan, el ser fermento de santidad en nuestro país, es algo que nos hace permanecer con esperanza. Debemos seguir orando pare ver en los altares a otros insignes venezolanos, algunos desde el testimonio laical como el Dr. José Gregorio Hernández. El clamor es que falta un milagro. Dios nos escuchará.


Relacionado con la vivencia de la santidad, el Papa Francisco nos sorprendió el 9 de abril de este año con una nueva exhortación apostólica, Gaudete et exsultate, sobre la llamada a la santidad en el mundo actual. Esta nueva exhortación viene a completar una trilogía muy significativa para nosotros los cristianos católicos: Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio), calificada por él mismo como el texto programático de su pontificado; Amoris Laetitia (La alegría del amor), una reflexión sobre el amor cristiano y sobre la teología y la moral del matrimonio y la familia; y la Gaudete et Exsultate (Alégrense y regocíjense) frase que remite al sermón de la montaña y a las bienaventuranzas. Si nos fijamos hay la repetición de la palabra Gaudium (alegría, gozo, paz), como una fuerza motivadora a lo cristiano para emprender la marcha cotidiana de nuestras responsabilidades en el mundo. Ser personas alegres a pesar de los problemas, que viven el gozo de la resurrección y trabajan por la paz en medio de grandes dificultades. Esta Exhortación debe llegar a todos. En ella el Papa Francisco recoge lo que reconoció el Concilio Vaticano II: "Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre"


Me he detenido un poco en este documento porque considero que es esencial en este tiempo que vive el pueblo venezolano. Muchos de las personas que han llevado a la quiebra a este país se jactan de ser cristianos católicos, de ser devotos de no se qué santo; no podemos juzgar las intenciones de cada persona, porque cada uno nos enfrentaremos al juicio del amor, pero si podemos aprender de la historia que no todo el que diga "Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre", y creo que el mensaje propuesto en Juan 10,10 es fundamental: "He venido para que todos tengan vida y vida en abundancia". Entonces seamos serios. Cuando hemos pasado por una historia tan nefasta como la vivida entre el 19 de abril y julio del año pasado donde fueron asesinados más de 130 personas, la mayoría jóvenes estudiantes y que solo se recuerdan como producto de "guarimbas"; por el amor de Dios, que falta de humanidad; eran seres humanos, eran hijos de madres que hoy lloran su ausencia. No eran cosas que había que eliminar, que sacar del camino. Creo que la propuesta del Papa es muy sensata cuando dice: "Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante".


En este ámbito de santidad hemos recibido la grata noticia de la Canonización del Papa Pablo VI y de nuestro querido Mons. Oscar Arnulfo Romero. Dos hombres de Dios que sirvieron a la Iglesia bajo condiciones adversas. El Papa Pablo VI, quien tuvo la responsabilidad de proseguir las sesiones del Concilio Vaticano II y la puesta en práctica de sus documentos en situaciones de cambio cultural en el mundo, con el paso de la cristiandad a un servicio humilde, dialogante, de la Iglesia con el mundo y en el mundo; y Mons. Romero, quien nos enseña a darlo todo por el todo en bien del pueblo oprimido, a no callar aunque la adversidad y las amenazas quieran silenciar la voz profética de la Iglesia. Para estos tiempos que vivimos es importante tener referentes; estos dos santos varones son esenciales en nuestro tiempo, además Mons. Romero es copatrono de todas las Caritas del mundo entero, cosa que nos llena de esperanza. Igualmente ha sido anunciada la beatificación de Mons. Enrique Angelelli, Argentino, quien fuera asesinado por sus convicciones de fe y de compromiso social por su pueblo.


La situación de empobrecimiento a la que ha sido sometido nuestro pueblo venezolano ha interpelado de manera más profunda las instancias de servicio de nuestra Iglesia, quien ha tenido que realizar no solo un trabajo ordinario, sino también subsidiario de instancias que le compete al estado venezolano en materia alimentaria, educativa y de salud. Diariamente miles de personas acuden a nuestros servicios institucionales en las parroquias, curias episcopales, escuelas parroquiales, Caritas nacional, diocesana y parroquiales. Tantas veces la demanda sobre pasa la oferta, porque no tenemos los recursos necesarios para atender esta emergencia humanitaria provocada por las nefastas políticas de empobrecimiento.


Una de las instituciones, entre muchas otras, que está sirviendo a nuestro pueblo empobrecido es Caritas en sus distintos niveles. Somos testigos que es una institución que está dando respuestas a las ingentes necesidades de la población en las áreas de alimentación y nutrición, agua, saneamiento e higiene, fomento de capacidades comunitarias, construcción de paz, incidencia política, evangelización de lo social, acompañamiento y fortalecimiento institucional. Este año se han organizado más caritas parroquiales que en años anteriores, lo que significa el valor del voluntariado católico en el área social. Por eso, detrás del programa SAMAN para nutrición de niños y creación de oportunidades a la familia, o detrás de una olla solidaria, o de una botica parroquial, hay un cúmulo de experiencias significativas y de un gran valor comunitario. La gente participa y toma decisiones, se habla de futuro, se da esperanza y no solo cosas, se dialoga sobre el país, sobre la situación de la comunidad, se activan mecanismos de servicios. Caritas seguirá trabajando y sirviendo a las comunidades, nada ni nadie la detendrá porque actualmente es un signo de cercanía, de tocar el sufrimiento. Aprovecho este momento para agradecer a toda la red de Caritas Internationalis y de América Latina y El Caribe, por los signos de solidaridad y cercanía que han tenido para con nuestro pueblo; igualmente tantas Iglesias hermanas de otros países, Conferencias Episcopales y Diócesis que se han solidarizado con nuestro pueblo a través de nuestras instituciones. Gracias por la hermandad y por hacernos conscientes que no estamos solos en esta lucha de llevar vida y dignidad a nuestro pueblo.


Un gran acontecimiento eclesial que tiene directamente que ver con nuestras Iglesias particulares y con los miembros de nuestra Conferencia Episcopal es la Visita Ad Limina Apostulorum que realizaremos los obispos el próximo mes de septiembre en Roma. La visita Ad Limina tiene dos objetivos focales: venerar los sepulcros de San Pedro y San Pablo, y tener un encuentro con el Papa Francisco. Estas dos referencias tiene la finalidad de expresar la comunión y unidad de la Iglesia con Jesucristo, y afirmar la responsabilidad en la custodia del depósito de la fe y la verdad transmitida por los Apóstoles. Más significativa es esta visita porque presentamos el trabajo de tantos agentes de pastoral en las distintas áreas de servicio, como testimonio de la fuerza viva que el Espíritu Santo suscita en nuestras Iglesias particulares. Pedimos al pueblo de Dios que peregrina en Venezuela, nos acompañe con su oración. Los Obispos aprobaremos y promulgaremos una Carta Pastoral donde especificamos todo lo concerniente a la Visita ad Limina y el porqué de nuestro encuentro en Roma del 4 al 17 de Septiembre próximo.


He querido dejar de último en este recorrido eclesial la mención de nuestro plan trienal; es el plan de la Conferencia Episcopal que será ejecutado por el Secretariado permanente con sus departamentos. Ha sido consensuado con los vicarios de pastoral de nuestras diócesis, las comisiones episcopales y los directores de los departamentos; ha sido un ejercicio de discernimiento y comunión buscando siempre el interés de nuestro pueblo y los procesos más explícitos de evangelización. Su marco de referencia ha sido la realidad de nuestros pueblos, sustentado por la misericordia y la centralidad en Cristo, para testimoniar la caridad cristiana en todas las dimensiones de la vida. Quiero agradecer vivamente a todos los que trabajaron en él.

 

II.-Panorama nacional.


Después de este recorrido de algunas acciones eclesiales, permítanme expresar algunos elementos de reflexión desde el ámbito social. Debo recordar que de esta Asamblea Episcopal saldrá a la luz pública nuestra exhortación pastoral que abarca elementos de la realidad nacional.


La Iglesia es pueblo, un pueblo que es de Dios pero que se hace presente en la realidad social, por lo que vive y padece todo lo que los hombres y mujeres de esta querida tierra experimentan de negativo ante esta crisis globalizada. Por tanto, la Iglesia no está aislada, sino en medio del pueblo para servir y amar con preferencia a los que sufren y padecen, y compartir su riqueza, Jesucristo, con todos y todas. La Iglesia no es un cuerpo extraño ni mucho menos salvadora de situaciones contingentes, sino servidora de la vida desde el amor y la misericordia.


Después de unas elecciones presidenciales que ha generado más dudas que certezas, en la actual condición del país, el pueblo se hace algunas preguntas: y ahora ¿qué vamos a hacer?, ¿cuál es el camino a recorrer?, y hace una de las afirmaciones más sentidas: vivimos desesperanzados ante una situación injusta que nos ahoga. Ante esta situación recordemos las palabras del Papa San Juan Pablo II: "Cristo parecía impotente en la cruz. Pero Dios siempre puede más"; y el amor vence siempre, ese amor que está clavado en la Cruz, en los crucificados que va dejando esta perversa ideología y sistema de gobierno; pero ante esto debemos recordar que el amor vence siempre, y venció desde la cruz, desde los crucificados, desde el no hombre, desde la nada, desde la muerte.


Como ciudadano me pongo a pensar en las oportunidades de desarrollo que se han perdido en el país; por un lado, ante la implantación de un modelo político, como es el modelo totalitario y hegemónico por el que lucha una minoría, que ha generado pobreza en el pueblo; y por otro lado, un liderazgo opositor fragmentado, con proyectos individuales que apuntan a la toma del poder sin un proyecto país. Ante esto, el pueblo va hablando, se va sintiendo, va alzando cada día su voz.


Es la otra Venezuela que va despertando poco a poco, la Venezuela de la mayoría que se ha sentido engañada, pero que cada día se hace más consciente de su situación y se hace más solidaria, sencilla, sin arrogancia; son personas de nuestros pueblos, de nuestros barrios, de nuestros campos, de nuestras aldeas, de nuestros profesionales que han sido empobrecidos y que hoy salen a las calles a protestar por la falta de insumos y recursos para su trabajo, de nuestras madres que madrugan para hacer las injustas colas en la adquisición de alimentos y medicinas para sus hijos; las personas que día a día trabajan y luchan por sus familias, por sus ideales; esa que reza en su casa por los hijos que se les fueron, la que tantas veces se siente engañada por quienes negocian con la política y viven peleándose una cuota de poder; por estas personas es la apuesta de nuestra Iglesia en salida y de tantas instituciones nacionales e internacionales. Por tanto, es un clamor despertar y reaccionar, es el momento del encuentro como país. Debemos recordar que los cambios vienen de las periferias.


El Papa emérito Benedicto XVI dice: "el primer servicio que presta la fe a la política es, pues, liberar al hombre de la irracionalidad de los mitos políticos, que constituyen el verdadero peligro de nuestro tiempo. Ser sobrios y realizar lo que es posible en vez de exigir con ardor lo imposible ha sido siempre algo difícil; la voz de la razón nunca suena tan fuerte como el grito irracional. El grito que reclama grandes hazañas tiene la vibración del moralismo; limitarse a lo posible parece, en cambio, una renuncia a la pasión moral, tiene el aspecto del pragmatismo de los mezquinos" (1).


¿Será que en Venezuela solo nos hemos enfrentado a lo posible con consignas sesgadas del "ahora sí", "ya es el momento", "es inevitable", etc?. Parecen tópicos creados en un laboratorio y no es mentes ilustradas. Dar esperanza no es algo instantáneo, está de por medio el testimonio de entrega y de caminar con el pueblo, no como salvadores, sino como compañeros de camino. Es tener la audacia de plantear alternativas viables construidas entre todos cuyos enfoques deben ser: la dignidad de la persona humana y la búsqueda del bien común que pasa por un sistema político ético y al servicio de todos. Es tener también la sensatez de saber contra que o quien se lucha. Este es el liderazgo que hay que crear y valorar.


Para nosotros los cristianos es retador este tiempo, porque estamos llamados al bien, a ser constructores de lo bueno, lo noble. La Carta de Pedro nos advierte: "Pero jamás alguno de ustedes padezca por asesino o ladrón" (1Pe 4,15). Los ciudadanos tenemos el arma democrática de la resistencia, más aún como cristianos bajo la lógica del amor y el bien común; nos resistimos cuando el Estado exige la negación del bien, de la justicia, cuando exige el mal. Ahí está el cristiano para resistirse a ello y para contrarrestar esta actitud con el bien, con lo justo desde su propia libertad. Aquí entra en juego la fe y no tanto los cálculos políticos. El centro de interés debe estar en el bienestar del pueblo, de la familia humana, en la promoción de la dignidad humana y de sus derechos, haciendo énfasis en el cumplimiento de sus deberes cuando las condiciones normales lo permitan.


Un factor fundamental es reconstruir el liderazgo social, no solo desde las cúpulas, sino desde las bases sociales. Esto no es algo instantáneo, sino un empeño constructivo y de concientización que vaya permitiendo vencer pequeñas batallas hasta lograr revertir el mal que engendra a una sociedad de necesitados. Tantas iniciativas que caminan cada una por su lado, donde se cree que la perfección y la razón les protegen individualmente, sin acceso a la riqueza del otro. Venezuela no se reconstruye a pedazos, ni puede esperar ensayar cada una de las propuestas, por lo que hay la necesidad de la unidad, de verse las caras, de buscar puntos comunes, de dejar la arrogancia política de la perfección.


Este pueblo está hablando. Las miles de protestas que se suceden diariamente, aunque no se reportan en los medios de comunicación, manifiestan el gran descontento que existe ante el sometimiento de unas improvisaciones que enmarca el sistema e indican la falta de racionalidad y pericia de quienes deben tomar decisiones en materia pública. Estas protestas indican el fracaso de un modelo que a grito y desde hace muchos años el pueblo viene denunciando. Pero cuando una mecha se ha encendido, ya no se apaga y se va haciendo más fuerte hacia su destino final: la liberación integral.


Muchas Gracias.

 

(1). Benedicto XVI. "Los cristianos ante los totalitarismos, en Joseph Ratzinger. Benedicto XVI. Liberar la libertad. Fe y política en el tercer milenio. BAC. Madrid, 2018. P. 76

 

 

Del 07 al 11 de julio los Obispos Venezolanos se reúnen en su CX Asamblea Plenaria

 

ASAMBLEA-02

 

Del 07 al 11 de julio los Obispos Venezolanos se reúnen en su CX Asamblea Plenaria

 

El Episcopado Venezolano se reunirá del 07 al 11 de julio de 2018 en lo que será su CX Asamblea Ordinaria Plenaria a realizarse en la Casa Mons. Ibarra, sede de la Conferencia Episcopal Venezolana.


La Centésima Décima Asamblea de la CEV inicia formalmente el sábado 07 de julio a las 9:00 am con un acto Eucarístico en la capilla "Trono de la Sabiduría" de la Universidad Católica Andrés Bello, (UCAB).


Seguidamente las palabras de instalación de la Asamblea estarán a cargo del Presidente de la CEV, el Excelentísimo Monseñor José Luis Azuaje Ayala, Arzobispo electo de la Arquidiócesis de Maracaibo, a las 10:00 am en el auditorio de la biblioteca de la UCAB, al lado del Centro Cultural B.O.D, en Montalbán; quien realizará una presentación del panorama nacional y eclesial de Venezuela. 


Durante el desarrollo de la Asamblea se presentará el Plan Trienal 2018-2021 para su aprobación definitiva. El Plan Trienal de la CEV es el producto del trabajo de los diversos órganos de la Conferencia Episcopal Venezolana, canalizado a través de la Secretaría General y los diversos Departamentos y servicios pastorales (SPEV) que la conforman. Responde a un mandato del Concilio Plenario de Venezuela, quien ve en él un "instrumento para la evangelización y animación pastoral" (ICM 239).


Entre otros puntos importantes de la agenda de esta Asamblea resalta la visita Ad Limina de los Obispos Venezolanos a Roma, a realizarse en el mes de septiembre de 2018. La visita "Ad Limina Apostolorum" tiene un significado preciso, a saber: el fortalecimiento de los Obispos en su responsabilidad como sucesores de los Apóstoles y de la comunión con el Sucesor de Pedro quien los recibe y trata con los Obispos cuestiones concernientes a su misión eclesial.


Actualmente la Conferencia Episcopal Venezolana está conformada por 41 Obispos titulares entre los que cuentan 2 Cardenales, 9 Arzobispos, 27 Obispos, 2 Exarcas, 1 Obispo del Ordinariato militar y 5 Obispos Auxiliares, quienes ejercen sus labores pastorales en 41 circunscripciones eclesiásticas. Además de 16 Obispos Eméritos.


La culminación de la CX Asamblea Plenaria Ordinaria de la CEV, está prevista para el miércoles 11 de julio, donde los Arzobispos y Obispos presentarán la acostumbrada Exhortación Pastoral con miras a los desafíos pastorales de la Iglesia en Venezuela.


Prensa CEV
04 de julio de 2018

 

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