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Exhortación Pastoral del Episcopado Venezolano Asamblea Ordinaria CIV

“He visto la aflicción de mi pueblo” (Éxodo 3,7)

A todos los venezolanos, salud y bendición

 

 

1.- “He visto la aflicción de mi pueblo” (Éxodo 3,7), éste es el dolor que Dios escucha, el clamor de los pobres, el de los desvalidos, el de Venezuela, pueblo que resiste graves penalidades, que sufre la falta de igualdad de oportunidades, que llora la pérdida de la vida.

2.- Los Arzobispos y Obispos de Venezuela, reunidos en la CIV Asamblea Ordinaria, queremos compartir las angustias y esperanzas del trabajo pastoral que realizamos al servicio de todos. La visita apostólica del Papa Francisco en Latinoamérica reafirma las razones para la esperanza y nos impulsa al renovado compromiso por la nueva evangelización. Agradecemos también su preocupación por Venezuela. Es muy grato comprobar que su magisterio ha sido motor de diversas iniciativas. Su exhortación “La alegría del Evangelio” y recientemente la encíclica “Laudato si”, “Alabado seas”, con su sugerente mensaje desde una ecología integral, son un preciado regalo a los creyentes y al mundo entero. El Papa con sus palabras y sus gestos nos ofrece un hermoso testimonio para asumir las dificultades con coraje, esperanza, responsabilidad.

3.- Es también motivo de alegría para la Iglesia latinoamericana, la beatificación del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero, mártir de la fe, del amor a la Iglesia y de la defensa a los desvalidos, cuyo ministerio profético manifiesta la permanente actualidad de una Iglesia de los pobres y para los pobres.

 

4.- Acompañamos con nuestra oración y nuestra solidaria comunión a las sufridas comunidades cristianas sometidas a horrendas persecuciones y amenazas de exterminio por parte de grupos terroristas, ante la indiferencia de la comunidad internacional.

5.- En el ámbito eclesial venezolano, subrayamos el entusiasmo generado por el próximo encuentro nacional de jóvenes -ENAJO-, que tendrá lugar en Barquisimeto, en agosto próximo, donde se espera a miles de jóvenes de todo el país; igualmente, la preparación de la Asamblea Nacional de Pastoral, en noviembre de este año, quiere ser un instrumento para la renovación de la Iglesia.

6.- La Palabra de Dios nos pide a todos ser profetas y promotores de esperanza. No al conformismo ni a la resignación, sino decidida voluntad de superar dificultades para crear ámbitos de encuentro, diálogo y reconciliación en toda la extensión de nuestra patria. Con la fuerza del Espíritu podremos mirar el horizonte con sentido de compromiso y corresponsabilidad. Si tenemos “el gusto espiritual de ser pueblo” (EG 268), hemos de manifestar que la esperanza nos hace protagonistas de la renovación de nuestra sociedad.

 

LA DURA REALIDAD QUE NOS INTERPELA

7.- La preocupación por la gravísima situación que vive el país, sentida por todos, nos exige ser críticos, creativos, solidarios. Compartimos las inquietudes y anhelos, el sufrimiento que padece nuestro pueblo por tanta incertidumbre. La mayoría asume que vivimos un momento muy difícil e incierto, que es necesario y urgente superar. No se puede negar lo que está a la vista: los presos políticos, los vejámenes, las torturas, la violación de los derechos humanos.

8.- El pueblo venezolano exige mejores condiciones de vida diaria; pide seguridad y mayor protección a su derecho a la salud y a la alimentación de su familia. Toda la nación padece la falta de medicamentos y atención hospitalaria y la escasez. Exige mayor seguridad ante la violencia desbordada, la impunidad y el narcotráfico. A lo anterior se suman las crónicas fallas eléctricas y en el servicio del agua potable en todo el país que repercuten tanto en la vida familiar como en el trabajo, generando más angustias y daños.

9.- Los venezolanos vemos con asombro la devaluación diaria de la moneda con las terribles consecuencias en el costo de bienes y servicios. Todo cuesta más cada día, lo que golpea el poder adquisitivo de las familias venezolanas. Urge tomar medidas económicas sensatas en el marco de la Constitución y las leyes que impidan ese absurdo y nocivo mecanismo de una política económica equivocada que enriquece a unos pocos y empobrece a la mayoría.

10.- Un nuevo y gravísimo problema es la creación de las mal llamadas “zonas de paz”. En ellas los cuerpos de seguridad del Estado no pueden ingresar ni actuar sin orden superior. Extensas zonas de algunos municipios están actualmente bajo el control de bandas anárquicas y delictivas, que actúan allí impunemente. Eso es inaceptable y en esos sectores debe restituirse el control del Estado y de la ley.

11.- Las inundaciones que padece el llano apureño en Guasdualito y en varias regiones de los Andes, llaman a la solidaridad de todos. Agradecemos las ayudas que llegan a través de las CARITAS, nacional, diocesanas y parroquiales; que nos permiten hacernos solidarios con el acompañamiento sincero, la oración fervorosa y la ayuda, expresión de la caridad fraterna.

 

TODOS SOMOS NECESARIOS PARA RECONSTRUIR A VENEZUELA

12.- Venezuela es de todos, y para reconstruir el país debemos reencontrarnos como hermanos, buscar juntos las soluciones a nuestras necesidades, empezando por las llamadas “necesidades básicas”. Lo primero que podemos hacer, es que nadie pretenda imponerse eliminando a los otros. Todos somos necesarios, por tanto hemos de ser actores y protagonistas de la Venezuela que queremos. Asimismo, es urgente ser conscientes de los errores que se deben corregir. Por eso, es equivocado cerrarse en visiones ideológicas, en fanatismos o en legados intocables.

13.- Venezuela es una sola. La necesidad de diálogo y de toma de decisiones concertadas, es impostergable. Nadie, ningún sector o persona, tiene el monopolio de la verdad ni puede erigirse en oráculo de la verdad plena. Para ello, cada quien tiene la obligación moral de aportar lo mejor, en la búsqueda del bien común, teniendo en cuenta los intereses de los más pobres, para que no sean ellos los que carguen con lo más oneroso de las medidas que se tomen.

 

LOS VENEZOLANOS QUEREMOS CONSTRUIR UN PAÍS

14.- que ame la paz, donde haya seguridad para trabajar, producir y compartir, donde se destierre la prédica estéril y dañina de catalogarnos por las diferencias, por el odio de clases, por la exaltación del enfrentamiento, idealizando el nacionalismo vacío, la violencia o la guerra, en el que la fuerza puede más que la razón.

15.- que promueva la unión de las familias divididas, enfrentadas, dolidas por la ausencia de los seres queridos que han tenido que emigrar, o que han sido víctimas de la violencia y ya no están entre nosotros. Es posible el abrazo que sana heridas, devuelve la sonrisa y tiende la mano generosa.

 

16.- en el que la sociedad considere y respete a los maestros y profesores, desde el preescolar hasta la universidad. Que haya la convicción de que la clave está en el desarrollo del talento de su población y para lograrlo hay que contar con la familia y con escuelas de calidad que premien la superación y no la mediocridad. Toda la sociedad debe crear esa conciencia pues es la mejor inversión para formar hombres y mujeres capaces de ser competentes en cualquier campo.

17.- que entienda la política como el arte de armonizar lo diferente para buscar caminos de consenso y el bienestar común de todos los venezolanos. No empecinarse en erigir la polarización, las diferencias, la negación a reconocer al otro y dialogar con el arma del poder.

18.- donde se respete y cultive la autonomía e independencia de los poderes públicos para que el poder ejecutivo no los concentre y domine. La experiencia también enseña que los regímenes, de corte populista y excluyentes, favorecen el abuso del poder y la corrupción.

19.- que promueva la actividad económica abierta, en el que la iniciativa privada con responsabilidad social, sea motora de desarrollo y progreso, lejos del estatismo que ha fracasado en el mundo entero, antes y ahora.

 

20.- que destierre de raíz la cultura de la muerte, la épica del armamentismo y militarismo, la imposición de una única forma de ver el mundo. No hay nada más absurdo y sin sentido que buscar la solución de los conflictos con la violencia. Son muchos los héroes civiles, algunos de ellos anónimos, mujeres y hombres trabajadores, inventores, promotores de todo lo bueno que deben ser iconos referenciales para la promoción de una cultura de la vida y de la solidaridad.

 

21.- que asuma la naturaleza que Dios nos ha regalado, la cuide y la proteja. Que cultive la tierra y la haga producir, asegurando alimentos para toda la población. Que cuide los recursos naturales, el agua, los bosques, la vegetación, asegurando la belleza de la casa que Dios nos regaló para vivir en ella. Que los recursos no renovables como el petróleo, se siembren para mejorar la calidad de la educación, la salud, la vialidad, y no sean usados para ganancias políticas que no benefician en nada a la población.

 

22.- que se enorgullezca de ir con la verdad por delante, porque es el único camino que genera confianza y credibilidad, pues sólo “la verdad nos hace libres” (Jn. 8,32). El uso de la mentira, de las medias verdades, de la manipulación, degrada al ser humano y lo convierte en promotor de inequidad e injusticia, y no ayudan a la credibilidad y confianza que todos tenemos tener en quienes deben representar y defender a todos los ciudadanos sin distinción.

 

 

LA ESPERANZA PASA POR LA PARTICIPACIÓN, LIBERTAD, CREATIVIDAD.

23.- Todo el pueblo debe participar con responsabilidad en el proceso electoral de diciembre próximo. En las actuales circunstancias resultan de muy significativas e importantes. Es un deber que no podemos eludir. Es la oportunidad de la recomposición política y social del país. No queda sino el poder de la soberanía popular que indique con su intuición creadora, el país que sueña y quiere. Trabajar por un proceso limpio, participar con valentía pero con respeto, denunciar con verdad, es obligación ciudadana y cristiana. Los responsables de garantizar el orden público y la pulcritud del proceso electoral, en conciencia, deben asumir la misión que les asigna la Constitución para que los comicios se desarrollen en igualdad, en paz y en libertad.

 

24.- Los candidatos y las organizaciones políticas, tanto del oficialismo como de la oposición, deben buscar el bien común y no en mezquinos y particulares intereses. La gente quiere sentirse tomada en cuenta, no burlada ni engañada, y reclama que se le ofrezcan propuestas que le permitan acrecentar su esperanza, ofreciéndoles positivamente un futuro mejor en paz y concordia.

 

25.- El Consejo Nacional Electoral tiene la obligación de ser imparcial, evitando el ventajismo, el abuso o la parcialización, y garantizando el libre ejercicio por parte de los electores del derecho al voto según su conciencia. Esta actitud favorecerá la superación de la inercia y el desánimo y permitirá ponernos en el camino que nos insinúa el Papa Francisco: reconocer al otro, sanar las heridas, construir puentes, estrechar lazos y ayudarnos mutuamente a llevar las cargas (EG 67).

26.- El pueblo exige libertad, para opinar, disentir, proponer, tener acceso a una información libre; es un derecho que no debe ser cercenado. Las excesivas cadenas y la propaganda tendenciosa tienen que ser rechazadas y puestas al descubierto.

 

 

INVITACIÓN CORDIAL Y FRATERNA

27.- En estos tiempos de angustia y dificultad, reafirmemos nuestra fe en el Señor resucitado que nos invita a superar el miedo y la desesperanza en la búsqueda de un país justo, unido y productivo. El Papa Francisco nos llama a vivir un año jubilar a partir del próximo 8 de diciembre para una profunda conversión del corazón, de las actitudes y de las acciones. Para ello recordándonos que Dios quiere misericordia y no sacrificios, nos impulsa a construir y hacer posible en Venezuela el Reino de Dios, de justicia, paz y amor, centrar toda nuestra vida en Cristo, “rostro de la misericordia de Papá Dios”. No bastará sólo con actos piadosos: la oración y la reflexión a partir de la Palabra de Dios deben ir acompañados con acciones que hagan posible el perdón y la reconciliación, así como descubrir la corrupción que frena un futuro lleno de esperanza (“El Rostro de la misericordia”, n. 19 y 20).

 

28.- Como ciudadanos y como creyentes, sabemos que la experiencia cristiana debe provocar consecuencias sociales. Queremos seguir construyendo una Iglesia pobre y de los pobres, en actitud misionera, en permanente actividad de conversión, servicial y samaritana, que enseñe, predique y sane con actitud misericordiosa. Es la razón de ser de nuestros planes y proyectos pastorales. La realidad concreta, máxime si es difícil, nos interpela a establecer relaciones entre el evangelio y la vida concreta, personal y social (cfr. EG 180-181).

 

29.- Escuchar el grito de los pobres es una forma especial del ejercicio de la caridad, que pasa por devolver la dignidad y la paz a la sociedad en la cual vivimos. Que María de Coromoto bendiga al pueblo venezolano, también a los que no creen o no comparten nuestra fe, pues los dones de Dios son para todos.

 

Con nuestra afectuosa bendición.

 

LOS ARZOBISPOS Y OBISPOS DE VENEZUELA

 

Caracas, 9 de julio de 2015.